Sánchez Bugallo había abandonado la santiaguidad internacional fraguada en el mandato de Xerardo Estévez
07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Ya se sabe que los relevos del mismo color en un gobierno local surgen casi siempre con el sello de la continuidad, en rimbombantes declaraciones, mientras se comienza a borrar el rastro del antecesor. Lo saben los coruñeses, con la marcha de Francisco Vázquez y la emergencia de Javier Losada. El BNG, al meterse por el medio, profundizó el cambio de rumbo.
En Santiago Xosé Sánchez Bugallo elogió la obra de Xerardo Estévez, pero ya dio a entender sin demasiado disimulo que los patrones de gobierno iban a ser algo diferentes. Y tanto. Más que paralelismos, predominan las divergencias de criterio.
Pero, a veces, cosas que parecían tomar rumbos distintos vuelven a converger inopinadamente. «Santiago ejercerá de puente cultural entre Europa y América», es una expresión que las autoridades compostelanas aplican a iniciativas como la Cidade da Cultura o a las relaciones Europa-América con escala y auspicio en Santiago.
Conferencia de ciudades
Pero ese mismo enunciado encabezaba un frente en el que el anterior alcalde había puesto toda su fe apostólica: la conferencia de ciudades Santiago. Latinoamérica está poblada de Santiagos, y ya se sabe que el Santiago auténticamente Mayor es el de Compostela, el que ilumina los diferentes paisajes jacobeos que alfombran el planeta, no solo el espacio iberoamericano.
Santiagueses, santiagueños, santiagueros, santiaguenses y santiaguinos se reunieron más de una vez al socaire de eventos importantes de la ciudad hasta constituir en Santiago de Querétaro (urbe que un obispo queretano emparentó con Compostela al ejercer en ambas diócesis) la conferencia de ciudades de Santiago. Eso sucedió en 1996, siguiendo un itinerario que desembocaría en el 2000, con el gozne santiagués en el portal euroamericano.
Pero el camino se fue borrando lentamente y los santiagos se fueron a sus casas. Uno sabe de buena tinta que una de las cuñas que venía separando al xerardismo del bugallismo es, precisamente, el abandono de la santiaguidad internacional fraguada en su mandato. A Estévez le dolió profundamente el brumazón de la idea.
Un santiago santiaguense, el de los Caballeros, vino a resultar la campana salvadora. Hermanada con la capital gallega, esta ciudad mantuvo viva la llama de las urbes Santiago merced a su orondo alcalde José Enrique Sued, quien hizo honor a la histórica circunstancia de gobernar la primera ciudad americana que tomó el nombre del Apóstol. Sued y Bugallo avivaron el pábulo institucional que representa el nombre de la ciudad y la República Dominicana ha acogido estos días un esbozo de lo que será un masivo encuentro de santiagos en el próximo evento xacobeo.
Aunque es prematuro lanzar cifras, en esa xuntanza podrían darse cita más de sesenta urbes bajo la bandera apostólica. La resurrección de los santiagos hay que agradecérsela más al tesón de Enrique Sued que al dejar hacer de Sánchez Bugallo.
Dolce vita en el Caribe
Por cierto, el Caribe rezuma felicidad, dolce vita y vacaciones. Resulta obvio que uno no puede ir a allí y regresar sin unos mojitos entre pecho y espalda. El popular cóctel también ha pasado a representar, palmariamente, el ocio caribeño. Conde Roa dice que los dos Bugallos más internacionales son adeptos a los mojitos, y que el regidor se ha llevado en la maleta las bermudas para paladear el ron y la lima entre merengues y bachatas. A Santiago han llegado imágenes de periferia miserable que no se compadecen mucho con esa idílica vivencia.
En todo caso, las operaciones se suelen cerrar con una copa y en el Caribe el mojito se presta al colofón. Lo que hay que ver, y analizar, es que la operación Santiago de los Caballeros esté bien cerrada.