El Arzobispado abre su servidor a los curas para que se doten de correos electrónicos, creen webs y las alojen en un sitio donde nadie pueda añadirles contenidos sexuales
04 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.No le asoman cuernos ni rabo. Tampoco milita en el comunismo. Ni se le conoce profesión ateísta. Lucifer no le llaman, sino Internet. Y, manejado con tino, resulta incluso útil para extender la palabra de Dios. Más o menos, eso opina el Arzobispado de Santiago, cuyos responsables pretenden fomentar entre el clero un mayor y mejor empleo de la Red. De hecho, acaban de emitir una circular que insta a los sacerdotes de la diócesis (604, según el último recuento) a crear tanto cuentas de correo electrónico personales como páginas virtuales de cada parroquia. Dicha misiva, no obstante, reclama a sus destinatarios que alojen las nuevas webs en el servidor propiedad de la Iglesia compostelana, nunca en alguno de los «incontrolables» que, sin costes, ofertan decenas de proveedores. ¿Objetivo? Evitar que cualquier conocedor de la informática utilice sus mañas para vincular esos portales a otros de tipo sexual.
«Recomendamos el máximo cuidado con estas enormes posibilidades que nos aportan los medios modernos para la eficacia de nuestra acción pastoral, porque en este variopinto espacio [...] existen también peligros», concluye el comunicado referido. La precaución exigida, añade la carta, consiste en almacenar las webs que los curas vayan elaborando «en un ordenador especial físicamente situado en una empresa eclesial de total confianza, con la garantía de seguridad de comunicaciones y funcionamiento». «El control de contenidos -apostilla- se hace desde la curia». Suscribe el mensaje la persona en quien monseñor Julián Barrio delega la gestión de asuntos estadísticos y sociológicos, Juan José Cebrián.
Cuatro disgustos con el porno
¿Y a qué viene tanto celo? Lo aclara el propio autor del documento: «No hay que fiarse en exceso. Luego pasa que los chavales de la parroquia, con aparente buena fe, se ofrecen al cura para hacerle la página, la cuelgan en servidores gratuitos y resulta que, cuando entras allí para ver cómo ha quedado, se oye una musiquita de fondo que parece casi celestial, pero enseguida te salta una ventana donde aparece una pareja haciendo chas-chas-chas. ¿Me explico?». «Eso -prosigue su relato- ya nos ha sucedido dos o tres veces y lo arreglamos en cuestión de horas. Pero en otra ocasión igual tardamos casi un año en enmendarlo porque el chico que había montado la web se marchó fuera sin decir a nadie cuáles eran las claves para modificarla, y solo las conocía él». «Si en ese caso la página no hubiese estado en un ordenador ajeno, sino nuestro, no habría habido problemas. En cambio...», lamenta.
De igual modo que censura el yang de esta cuestión, Cebrián no deja de ensalzar su ying. Así, sostiene: «Yo animo a los sacerdotes, como mínimo, a que tengan un mail personal. A esto no hay de darle la espalda, al revés». «Desde hace aproximadamente dos años -aclara- les venimos brindando nuestro servidor para que lo hagan, pero ahora hemos considerado oportuno recordarles que está a su alcance, darlo a conocer más. De ahí la circular, que va enfocada no tanto para los recién ordenados como para los veteranos».
Entiende este miembro del equipo de Barrio que la edad no ha de suponer un obstáculo para iniciarse en Internet. Prueba de ello, en este océano virtual se mueve cual pez. ¿Y qué años tiene Cebrián? «¡Uf! Si fuese obispo, tendría que retirarme ya. Con 75, soy un viejo. Pero lo de la Red lo domino bastante», contesta entre risas.