«En Compostela resulta muy fácil identificar lo que hay que conservar»

SANTIAGO

Autor de varias obras singulares en el casco histórico, cree que la ciudad vive un conflicto entre pasado y presente que solo los profesionales deben resolver

02 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Los proyectos de un arquitecto son siempre públicos, porque están hechos para la gente». Con esta frase se puede resumir la pasión que Víctor López-Cotelo tiene por su trabajo. Arquitecto de cabecera del constructor José Otero Pombo, este madrileño ha sido el ideólogo de aclamados proyectos como la recuperación de La Vaquería de Carme de Abaixo y de otros que se han convertido en polémicos debido a decisiones judiciales, como el de la curtiduría de Ponte Sarela. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia decidió este año que había que derribar en parte este proyecto.

-Usted es especialista en rehabilitación. ¿A qué se enfrenta un arquitecto a la hora de recuperar un edificio histórico?

-Rehabilitar el patrimonio significa conservarlo con todo el potencial que tiene y hacerlo compatible con el presente. La rehabilitación tiene mucho que ver con la puesta en valor de lo que hemos heredado del pasado, es decir, adaptarlo a la vida diaria y dotarlo de las instalaciones necesarias en cada momento, pero siempre integrándolo en el entorno.

-Ha llevado a cabo varios proyectos de rehabilitación en Santiago. ¿Las características de la ciudad son un reto?

-El hecho de que sea una ciudad fuertemente caracterizada, con valores muy reconocibles, hace que sea muy fácil identificar lo que debe ser conservado. Las ciudades como Santiago viven en un conflicto permanente entre pasado y presente, y los arquitectos debemos resolver inteligentemente esa relación, por supuesto conservando la esencia de ese patrimonio. Esto se ve muy bien en el casco histórico, que muere si no se actualiza. Una vez que deja de vivir la gente, desaparece. La arquitectura residencial, a lo mejor por si sola carece de valor, pero la suma de esos edificios sí lo tiene y eso hace que sea un conjunto monumental.

-Ha trabajado en edificios tan señeros como la Casa de las Conchas de Salamanca o el entorno del Escorial. ¿Imponen estos lugares?

-Sí imponen, pero como cualquier otro. Cuando uno se enfrenta a edificios con una gran carga simbólica, el trabajo pasa por más filtros de atención y eso no siempre es bueno, porque muchas veces interviene gente que conoce el problema de forma superficial y se puede manipular atendiendo a intereses políticos.

-En Santiago ha optado muchas veces por remodelar entornos industriales.

-No se trata de un hecho planificado con antelación. Empezó con el proyecto de Ponte Sarela, que se ha convertido en polémica pero creo que no lo es. El que una persona haya decidido algo sobre eso no quiere decir nada, porque el valor que doy a esas decisiones es cero, no existen para mí. En el proyecto de remodelación de Santiago quedaba por definir el Sarela, que iba a tener un plan especial pero no se había puesto en marcha. La estructura especial de la curtiduría de Ponte Sarela nos hizo decidir que no se podía poner nada encima, porque sería destruirlo. Cuando estábamos en ello surgió el tema de Vaquería, donde entraba en juego el hecho de que en Santiago se mezclan la ciudad y el campo. Intentamos conseguir viviendas peculiares pero con las que la gente se sintiese identificada, porque eso genera una cadena hasta la identificación con el mundo.