Pocos de los paseantes que recorren la Algalia pueden evitar detenerse ante el escaparate de esta personal tienda, desde donde saludan los monstruos-tetris o los robots hojalata. En poco más de un año, la bolsa de El humanoide del traje verde se ha hecho un hueco entre las habituales de muchos santiagueses y otros que solo están de paso. Además de la ropa de la abuela y mercancía antigua también se pueden encontrar camisetas nuevas con ilustraciones del cine y la televisión de los años 80. «Era lo que nos gustaba y no encontrábamos. Hay cosas por las que tenías que ir a Madrid o Barcelona porque en Santiago las alternativas de comercio son nulas. Puedes comprar en Zara y demás, pero como quieras comprar algo diferente te mueres del asco», explica Carlos Gómez, la mitad del alma del Humanoide. La clientela, a tono con el tipo de oferta de la tienda, es de lo más variopinta. Desde señoras que ven un abrigo igual a uno que ya tuvieron a jóvenes en busca de los tesoros que encontraron en mercadillos londinenses o barceloneses. La zona también ayuda a que muchos turistas no puedas resistirse a los bajos precios. «Curiosamente, a pesar de que Compostela es una ciudad universitaria y algo más alternativa, este no es el segmento de clientela que más atraemos», comenta Carlos. demás de ropa, se pueden encontrar muchas otras cosas. Desde libros hasta juguetes retro. Entre lo más demandado: las máscaras de lucha libre. Han sido toda una sensación, quien sabe si movida por la tendencia sadomasoquista secreta de algunas parejas o simplemente por el reciente tirón del pressing catch en televisión. Naftalina para cuidar tesoros. Desde 2002, en este rincón de la zona vieja podemos disfrutar de un pequeño recorrido por la moda de todo el siglo XX. Desde un vestido de terciopelo de los años 20, a un traje original de Moschino de los 90, en Naftalina podemos encontrar casi una prenda por década, todo de segunda mano, pero tratado para que esté en perfectas condiciones de uso. «Se trata de reciclar un poco y rebuscar por otros sitios», comenta Lourdes García, dueña de este gran baúl de los recuerdos. Desde 3 euros se puede adquirir un tesoro vintage , tan de moda las últimas temporadas, y por 400 euros, un abrigo de pieles colgará en el armario. Lourdes García se recorre el sur de Francia para encontrar las prendas más exclusivas. «Yo misma rebusco. Otra gente busca y compra por Internet pero aquí, tecnología cero», dice orgullosa de regentar un rincón comercial tan curioso. La clientela es variada. Desde quienes buscan outfit para su próxima boda o comunión hasta la gente del mundillo del teatro y la televisión. «Hay gente joven que quiere encontrar aquí las mismas cosas que ven en Zara o Stradivarius, pero no me interesa. Prefiero prendas más originales», comenta Lourdes.