La «fuga de cerebros» es el mal que afecta a la investigación española y gallega. Muchos cerebros deciden emigrar a zonas con mayores medios para desempeñar su trabajo.
-¿La llamada «fuga de cerebros» es un mito o una realidad?
-Es claramente una realidad. Hay miles de investigadores españoles que se han ido y no han vuelto porque aquí no tienen las mismas facilidades. Desde hace unos años, es verdad que se está haciendo un esfuerzo importante, sin embargo, vamos con mucho retraso.
-¿Qué solución propone?
-La solución es clara pero difícil de llevar a cabo: ofrecer a los investigadores las mismas condiciones que se les ofrecen en otros países. Debemos tener en cuenta que no solo se trata de ofrecer contratos a los investigadores, sino también de crear infraestructura de calidad. Esta inversión no tendría que provenir exclusivamente de organismos gubernamentales. En países como EE UU o Reino Unido, un gran porcentaje de estas inversiones proviene de capital privado y fundaciones.
-¿Ha tenido que irse a Estados Unidos por ese motivo?
-Después de realizar la tesis doctoral es casi obligatorio irse fuera un tiempo. Y creo que es muy recomendable. Los científicos no podemos permanecer aislados en un laboratorio, es necesario crear colaboraciones y estimular el intercambio de conocimientos. En mi caso, me fui de España para realizar la etapa posdoctoral, y ahora tengo la fortuna de poder volver en unas buenas condiciones al Departamento de Fisiología de la USC.