Una joven de Sigüeiro simula su secuestro para no ir a los exámenes

SANTIAGO

Una joven de Sigüeiro, de 17 años de edad, simuló ante sus familiares su propio secuestro para no presentarse a los últimos exámenes de bachillerato. Esta adolescente, una brillante estudiante de último curso en el colegio La Salle, permaneció escondida en el trastero del edificio mientras enviaba mensajes por móvil a su familia afirmando que estaba retenida.

Fue precisamente el envío de varios mensajes SMS desde su móvil, e incluso una conversación con su familia en la que decía que se encontraba en una habitación oscura y en buen estado, lo que permitió localizar su teléfono y con él a la estudiante, sana y salva, y afirmando en un primer momento que las personas que la habían retenido habían huido dejándola sola y que ella no era consciente de que se encontraba en un trastero del edificio en el que vive.

La joven apareció en torno a la tres de la tarde, unas siete horas después de que comenzase una jornada que en Sigüeiro nadie olvidará, sobre todo la propia afectada, sus familiares y amigos.

Siete horas de angustia

La voz de alarma surgió a primera hora cuando la madre de la joven, que regenta una zapatería en la céntrica Rúa do Xuncal, recibió un mensaje enviado desde el móvil de su hija en la que se afirmaba que la menor estaba secuestrada y que la prueba de ello se encontraba en el portal de su domicilio, en donde apareció su bolso.

Ante este hecho, según fuentes cercanas a la familia, llamaron al colegio La Salle para saber si la menor estaba en clase. Tras confirmar que no se había presentado a un examen, los familiares denunciaron su desaparición en la Guardia Civil de Sigüeiro.

La recepción de mensajes, en los que, según las mismas fuentes se llegó a hablar del pago de un rescate de trescientos mil euros, -una posibilidad no confirmada por la Guardia Civil- se repitió durante la mañana, aunque la policía judicial ya barajaba la posibilidad de que no hubiese tal secuestro ni petición real de rescate y que la menor hubiese desaparecido por otras razones, incluida la de la «chiquillada».

El hecho de que todos los mensajes llegasen del móvil de la menor al de sus familiares, y que en ningún momento se produjese contacto alguno con los posibles secuestradores, diluía cada vez más la posibilidad de que la joven estuviese retenida contra su voluntad. Frente a esto, el hecho de que el padre de la muchacha fuese un conocido constructor de Oroso -un edificio de la calle Xuncal lleva el nombre de su hija- alimentaba la hipótesis de una petición económica y mantenía en vilo a la familia, que se concentró frente al inmueble en el que finalmente apareció la joven, que no llegó a salir del edificio.