«No tuve miedo ninguno»

SANTIAGO

Dos jóvenes intentaron atracar a un taxista el sábado; no consiguieron dinero pero sí lo agredieron con un bate; ahora cuenta qué pasó durante esos segundos

21 ene 2008 . Actualizado a las 11:09 h.

Ya había caído el sol cuando J.M.C.L., de 61 años, dirigió su taxi al Monte do Gozo. Minutos después recibiría un fuerte mazazo en la cabeza que obligó a llevarlo al Clínico. Hablamos con él el domingo por la tarde cuando, a pesar de la gravedad de sus lesiones, ya está otra vez trabajando. Recuerda esos momentos de máximo peligro con una abrumadora riqueza de detalles. Y, sobre todo, con rabia, con mucha rabia.

-¿Cómo se encuentra?

-Me encuentro bastante bien. Recibí un golpe muy fuerte. Pude haber quedado en el sitio tranquilamente. Para entendernos, a las seis de la mañana tenía dos cabezas. Me duele al morder o abrir la boca.

-Supongo que es buena señal que pueda trabajar.

-Sí. A mí nunca me faltó el sentido ni la vista. Estuve muy nervioso, no dormí en toda la noche. Todo el mundo me decía que cómo iba a trabajar, pero yo así estoy más tranquilo. «¿Y no tienes miedo?», me preguntaban; pero, ¿miedo a qué?

-¿Cómo sucedió todo?

-Yo estaba de primero en la parada del Palacio de Congresos. Me llamaron de la centralita para que fuera al Monte do Gozo. Allí estuve un rato esperando y no aparecía nadie. El taxímetro ya marcaba 6,50 euros. Bajé, pregunté allí si alguien había llamado a un taxi... Así que iba a llamar otra vez a la centralita. Me metí en el coche y vinieron dos chavales; uno con capucha blanca y pantalón azul y otro con capucha azul y chaqueta a rayas rojo oscuro. Levantaron la mano y dijeron que lo habían pedido ellos.

-¿Adónde querían ir?

-A Aríns. Cuando estábamos a 30 metros del auditorio, me pidieron que parase porque uno se encontraba mal. Yo paré porque no quería que me vomitaran en el coche, que estaba recién lavado. Aparqué, puse el freno de mano y justo en ese momento me cayó un trallazo en la cabeza. Me quedé como si me hubiera caído una bomba. Me pedían el dinero. Vi por el espejo y vi que me venía otro. Lo pude parar con la mano izquierda y con la derecha abrí la puerta y salí.

-Pudo escapar.

-Yo fui directo a la puerta de atrás. Les dije que el dinero sí, pero que los dientes y los co... los iban a dejar allí. No sé qué cara debía de llevar, que salieron los dos. Cuando di la vuelta empezaron a correr. Iba incluso a atropellarlos, pero se metieron campo arriba. Fui al Monte do Gozo sangrando y allí ya llamamos a la policía.

-Después lo llevaron al Hospital.

-Estuve allí mucho tiempo. Y después en la Policía Nacional. Se quedaron con el coche para buscar huellas dactilares. Cogieron a dos chicos en el polígono del Tambre, pero no se parecían en nada.

-Me deja sin palabras.

-Tuve suerte en reaccionar y parar el segundo golpe. Y en salir para darles. No tuve miedo ninguno.

-¿Cuánto tiempo lleva en la profesión?

-Doce años como asalariado.

-¿Le había pasado algo igual?

-Una vez, pero no denuncié. Iban tres personas, dos detrás y uno delante. Me metieron por una pista entre Os Ánxeles y A Picaraña. Me pidieron el dinero y yo llevaba el monedero en el bolsillo izquierdo. Les dije que con eso podía hacerles un agujero, como si fuera una pistola. Los insulté. Mis piernas temblaban. Mandé bajar a los de detrás. Y al de delante le pedí 4.000 pesetas, aunque el taxímetro marcaba 1.200. Y me las pagaron. Pero fue hace muchos años.