El estilo de Conde Roa, ganador de las elecciones, generó tensiones en Raxoi y unió más a los socios de gobierno
30 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El año aún vigente se estrenó prácticamente con una nueva corporación y unas nuevas caras. La legislatura (término aplicable por extensión a cualquier mandato, incluido el municipal) se inició como acabó la anterior, con un gobierno bipartito del PSOE y el BNG. Solo que con otras formas y otras miras. Los nacionalistas han virado algo más el timón hacia la tribuna pública y se han adentrado en nuevos cauces de gestión, en el marco de un consenso que sería impensable en otros feudos municipales.
Sánchez Bugallo se ha inmiscuido menos que nunca en las áreas de sus socios de gobierno, de acuerdo a lo pactado, y los roces han estado prácticamente ausentes en el primer tramo del mandato. El primer avatar traumático ha sido la marcha del concejal Francisco Candela, que se ha llevado consigo un notable cúmulo de experiencia en materia municipal.
La legislatura se inició con un novedoso y trascendental escenario: la entrada en vigor del nuevo Plan Xeral. El documento ordenará la ciudad durante los próximos lustros. Millones de metros cuadrados de suelos residenciales, industriales y dotacionales subyacen bajo la capa de un PXOM al que le cayeron algunas fichas y que, entre otras cosas, plantea un cambio radical en la zona norte de la ciudad. Todo ello se producirá, tras el período de transición y rodaje del año que viene, a partir del 2009. Los constructores, entretanto, ya han dicho que esta boca es mía.
A lo largo del 2007 la construcción de vivienda privada empezó a amuermarse mientras se inauguraban o entraban en la recta final los últimos polígonos públicos de la primera fase conveniada por el Ayuntamiento y el IGVS. El suelo industrial abrió las puertas en Boisaca (tras varios años de retraso) a más de medio centenar de empresas y ahí quedó empantanado hasta que surjan los nuevos polígonos programados.
El fin de las obras del edificio de la biblioteca, la puesta en marcha de alguna guardería, la apertura de algunas áreas recreativas y la acometida de una serie de obras de infraestructura en el casco urbano y en la periferia jalonaron los primeros meses del actual mandato.
En el transcurso del año, sin embargo, hay que poner el acento en algunos rasgos tangibles de mejora de la ciudad como la inauguración del cuarto movimiento de Cornes, la cesión del inmueble del Banco de España para su conversión en museo de la ciudad (junto al trámite de adquisición del edificio del Cabildo), el comienzo de las obras del colector general San Lázaro-Pontepedriña, el encendido de la operación Peleteiro y, como no, la adjudicación de la terminal de Lavacolla.
Al propio tiempo, son numerosos los proyectos atascados en los despachos o las iniciativas que no terminan de arrancar. Y son patentes los grandes tropiezos como la edificación del nuevo parque de bomberos, con un largo camino hacia la reanudación de las obras, o el mal dimensionamiento de la guardería del polígono del Tambre. Sí arrancó, tras mucho manivelar hasta el último mes del año, el aparcamiento de A Choupana.