Muchos peregrinos aseguran que la Ruta Jacobea es el lugar idóneo para conocer gente y entablar relaciones personales
11 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Dicen que las experiencias adversas unen a los seres humanos, pero algunos de los lazos que se forjan exceden las fronteras de la amistad y la convivencia. El Camino ha dejado para los anales de la historia más de alguna pareja que sobrepasó las diferencias culturales y personales. Son conocidos los casos en los que un peregrino que comenzó su caminata solo llega a Santiago acompañado y con cierto brillo en los ojos.
El gremio de caminantes sonríe al ser preguntado por la circunstancia, pero en algún gesto sonrojado se puede aventurar que la vulnerabilidad sentimental que se establece en el Camino es más que real. «En el viaje conoces a mucha gente y es fácil que alguno coincida con lo que tú buscas», afirma Anna, una peregrina eslovena. La caminante confiesa que ella misma ha tenido un idilio con un peregrino, pero que todo terminó antes de llegar a la capital gallega. «Ahora me tiene a mí», bromea su amiga Nike.
Muchos de los que llegan a Compostela afirman que es habitual ver a peregrinos que, llegados a una determinada etapa, van ya de la mano. «En Valencia todo el mundo me lo dijo y, aunque no ha sido mi caso, es cierto que hay mucho amor», afirma Manuel Cobado. La mayoría opina que se trata de una cuestión muy romántica que hace más llevaderos los kilómetros. «Hemos visto más gente enamorada que peleada y eso siempre es agradable», asegura el malagueño Pablo Sánchez.
Los caminantes discrepan acerca de la durabilidad de las parejas, sin embargo, no se trata de idilios tan fugaces como se puede suponer. «No todo es de aquí te pillo, aquí te mato; también se ven historias de amor muy bonitas», afirman unas peregrinas sevillanas. Las caminantes cuentan que una pareja italiana eligió la Ruta Jacobea como destino para su luna de miel. Hace unos días llegaban a Santiago después de un viaje de novios poco convencional, en el que la intimidad no fue el punto fuerte. «Decían que si superaban las dificultades del Camino, podrían con todo juntos», afirman las jóvenes.
Desde la Oficina del Peregrino encuentran una explicación muy sencilla a las circunstancias amorosas que surgen en la ruta jacobea. «El Camino es muy especial porque sientes y sufres en él, se establece un compañerismo del que también puede surgir el amor», afirma Eduardo Pérez, responsable de la entidad. «No somos cotillas, pero vemos miradas y gestos», añade con ironía el responsable.
Los escépticos también se pronuncian al respecto. «Después de la caminata a mí sólo me apetece ducharme», bromea una peregrina andaluza. «Yo he dejado a mi media naranja un poco cansada», añade su compañera. Después de todo, el amor es ciego, sordo y parece que tampoco tiene agujetas ni ampollas.