En Cardiología del Clínico implantaron el año pasado 55 desfibriladores a pacientes cardiópatas seleccionados para prevenir la muerte súbita, según indica el jefe del servicio, José Ramón González-Juanatey. Algunos de ellos eran jóvenes deportistas, en quienes se detectaron riesgos semejantes al que sufrió el futbolista sevillano Antonio Puerta. Esos desfibriladores son unos pequeños aparatos, parecidos a los marcapasos que, cuando detectan una arritmia, provocan una descarga que favorece la recuperación del enfermo. Los colocan directamente los cardiólogos, sin necesidad de cirugía. Su mantenimiento depende de una batería que, cuando se gasta, se repone. Es un método muy eficaz para prevenir la muerte súbita, con el que hay experiencia desde finales de la década de los 80. En Santiago lo habitual es colocar entre 50 y 60 al año, sostiene González-Juanatey. Este cardiólogo afirma que en atletas de competición la causa de la muerte súbita tiene relación con la edad: en menores de 35 años se debe en la mayoría de las ocasiones (un 48%, según estudios) a una miocardiopatía hipertrófica; y en mayores de esa edad el motivo suele ser una enfermedad coronaria, en el 80% de los casos. «En Santiago se ha reanimado a algún deportista con miocardiopatía hipertrófica. No es el caso de Antonio Puerta, que parece haberse debido a una enfermedad congénita, una displasia del ventrículo derecho que tiene un cierto riesgo de muerte súbita. Otras causas de muerte súbita en menores de 35 años son hipertrofias ventriculares de causa no clara, anomalías de las coronarias; y enfermedades que podíamos llamar eléctricas del corazón, y entre ellas están la displasia arritmogénica del ventrículo derecho -el mal que acabó con la vida del jugador sevillano-, o el síndrome de Brugada y otros síndromes denominados de QT largo». Con un examen clínico correcto deben identificarse estos problemas, e incluso dar recomendaciones de práctica de ejercicio físico que están consensuadas. Hubo mucho debate sobre esta cuestión, sobre todo a causa de la situación del triatleta gallego Gómez Noya «y en algunos casos se contraindica el deporte de alta competición», afirma. «La práctica totalidad de las muertes súbitas se deben a una taquicardia ventricular que degenera en fibrilación ventricular. En esos casos el corazón tiene mucha actividad eléctrica, pero es incapaz de contraerse, no expulsa la sangre, y todo el organismo se queda con la circulación parada. En algunos casos de forma espontánea el paciente vuelve al ritmo normal. Pero hay un elevado riesgo de que se repita otro episodio y en poco espacio de tiempo», agrega este especialista. La implantación de un desfibrilador interno «es una buena solución», sostiene.