La comicidad es el nexo de sus actuaciones. A través de ella enseña a los niños otras formas de expresión
22 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Comenzó haciendo humor prácticamente sólo con gestos, pero poco a poco las palabras se han ido colando en sus espectáculos. Simone Negrin es actor, director, autor y hasta músico y un poco bufón. Llegó desde Italia a Santiago en el 2002 y se quedó. Estos días dirige el taller para niños O corpo en xogo , en el Centro Galego de Arte Contemporánea. -¿Con cuál de sus facetas se siente más cómodo? -No lo sé, en este momento, en el taller, utilizo más mis conocimientos como actor. Pero yo, encantado con todo. Me gustaría ser buen músico, mis amigos músicos me reprochan eso. -Desde que llegó a la ciudad comenzó con sus actuaciones, ¿ya lo había hecho antes en Italia? -Sí, estudié teatro en Italia. Luego vine para aquí a hacer el último año de universidad con una beca Erasmus y me doctoré en Pedagogía. Entonces con dos amigos montamos la primera compañía, Teatro Baratto, y nos fue bien. -¿Tienen sus actuaciones un hilo conductor? -Tanto en las obras teatrales como en los conciertos me oriento siempre a lo cómico. Al comienzo era casi todo mímica, prácticamente no usaba palabras. Ahora poco a poco están cada vez más presentes. -Silvio Berlusconi le ha servido de inspiración para un personaje y también le dedicó una canción.
-Por la desesperación. Ahora que dejó de ser jefe de gobierno en Italia se me ha pasado un poco, aunque seguimos tocando la canción con mi grupo, Ruso Negro, en el espectáculo cabaret Fratelli Negroni. Berlusconi es un gran estímulo para la comicidad. También lo utilizo como aviso a todos los no italianos sobre los peligros que tiene la política mal encarada. Italia siempre fue la vanguardia en ese tipo de porquerías.
-No sé. Con Ruso Negro uno de nuestros siguientes objetivos es meternos con lo que pasa aquí. Tocaremos el tema del caciquismo, pero más el del nacionalismo, que es aún un tema un poco tabú. Sobre todo para mí que soy italiano, lo veo un poco como un cuerpo extraño. A mí en general las banderas me dan un poco de miedo, no creo que haya una buena o una mala. -Ahora, lejos de la política, estará rodeado de 20 niños hasta mañana, día en que finaliza el taller. ¿Qué les enseña? -Trabajamos la improvisación, los juegos, utilizando como base el cuerpo y la música. Procuro divertirlos, porque son niños de 9 a 12 años. El objetivo es favorecer la comunicación física, tanto hacia afuera con la expresión como hacia adentro con la sensibilidad. -¿Cómo transcurrió el primer encuentro? -Intentando canalizar la enorme energía que tienen los niños. No hubo nadie que se cortara, todos jugaron mucho. -¿Qué proyectos tiene para el futuro próximo? -Hacer este taller en A Coruña, con adultos. Seguir con Ruso Negro y un montaje del CDG.