La muestra «Mira e pensa» trae al Centro Sociocultural de Vite los juguetes construidos por niños de Angola
28 jul 2007 . Actualizado a las 02:00 h.SANTIAGO | Recopilar muchas de las grandes exposiciones del mundo ha costado miles o incluso millones de euros. Mira e pensa se ha hecho a base de trueques. Eso sí, trueques muy especiales, hechos con lápices de colores, zapatos o bolígrafos. Tan especial como la obra son sus autores, niños de la región de Tômbwa, en Angola, y sus condiciones de «trabajo», pésimas. Pero aún viviendo sin luz, con apenas agua, dedicando a trabajar mucho más tiempo que a la escuela, los niños son niños, y sean del país que sean, tienen en común la imaginación desbordante y las ganas de jugar.
Esto es algo innato en ellos. De pequeños, al recibir un regalo, muchos se entretienen más con la caja que con el juguete en sí. Sólo una avalancha de juegos atrofian después la imaginación necesaria para divertirse con cualquier cosa. Eso no les pasa a estos niños, obligados a desarrollarla al máximo para inventar y reinventar cada día las formas e instrumentos para pasarlo bien. Este es el aspecto que más impresionó a dos de las miembros de la oenegé Coopera, que ayer presentaron la exposición de uno de sus camaradas, Luis Miguel Belvís.
Belvís, miembro de la asociación desde el 2002, vio en uno de sus viajes a Angola la maravillosa «fábrica de juguetes» del país y sintió que esa experiencia debía ser transmitida al resto del mundo. Así se decidió a hacer una serie de fotos a los niños con los juguetes que habían construido. Luego se los cambió por diferentes objetos para traerlos a España. Así nació Mira e pensa que, tras estrenarse en Logroño en el 2005, llegó ayer a Vite, donde estará hasta el día 2 de agosto. Luego se podrá ver en Fontiñas, el Ensanche, Conxo y Sar, volviendo a Vite hasta octubre.
La experiencia en Tômbwa
En la presentación, Teresa Zulaica, miembro de Coopera, habló con entusiasmo sobre sus vivencias en Angola, especialmente de los niños. Zulaica aclaró que «aunque se dice que en el sur viven con la resignación africana, son en realidad los que más esperanza tienen». Corrobora sus palabras Vanesa Sánchez, miembro también de Coopera, quien vio en primera persona la construcción de los juguetes. Para Sánchez, es importante dar a conocer «toda la historia que hay detrás de esto». Una de las cosas que más le chocó a Vanesa, al poco de su llegada a Tômbwa, fue cómo, durante un paseo por una playa muy sucia «yo estaba pensando que aquello era asqueroso cuando, de repente, los niños empezaron a recoger latas, cuerdas, cables... todo tipo de basura que había arrastrado la marea». Al llegar al pueblo, la sorpresa fue a más, cuando «con sus propias manos comenzaron a cortar latas, cables, suelas de zapatilla... todo con otras latas, sin ningún utensilio. Tiempo después, de lo que para mí era basura peligrosa, con la que se podían cortar, había surgido un camión». El otro juguete estrella, los balones, nacen de sacos enrollados que se atan con cuerdas. Sánchez habla emocionada de todo esto. Aún está sorprendida de todo lo que le aportaron esos niños a los que, en principio, era ella quien iba a ayudar.