Barrio a barrio | Fontiñas Los vecinos quieren una intervención urbanizadora global en el barrio, que no se ciña exclusivamente a la rúa de Berlín, y una salida a la falta de aparcamientos en el polígono
10 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?ontiñas era hace casi dos décadas un campo de patatales y matojos sobre el que habitan diez mil personas, convertido en uno de los barrios más populosos de Compostela. O sea, es un barrio jovencísimo salido de la nada que aspira al pedestal urbanístico, y de hecho ya es referencia con Área Central. Pero, al ser tan joven, tiene aún mucho que andar. «Non é unha zona aínda enraizada. Hai que conseguir esa integración e esa identidade que faga que a xente sinta o barrio como seu e de todos», dice el presidente de la asociación de vecinos, Luis Meijide. Ocurre que Fontiñas, pese a ser nuevo, va deteriorándose. Las calles están en mal estado y las aceras levantadas por culpa de las raíces de los árboles. Las farolas esconden sus haces de luz en el enramado. «A solución do Concello é parchear», dice Meijide. Existe un proyecto magnífico para la rúa de Berlín, pero «¿qué pasa coas demais rúas do barrio?». La calle de Berlín va a quedar amplia y esplendorosa, con la basura bajo tierra, y los vecinos piensan que las otras calles deberían seguir el mismo camino. Y ahí la gente debía ser exigente «pero aínda non lle presta a atención debida porque non está ben arraigada», concluye Meijide. Una buena buena manera de unir al vecindario y fortalecer el sentido de comunidad es la fiesta patronal, pero no hay campo de fiesta y los residentes reclaman el acondicionamiento del parque del entorno del centro sociocultural con ese fin. No ven lógico cortar las calles para honrar a San Antón. Tampoco cuenta el barrio con un polideportivo y debe recurrir a las instalaciones colegiales. El mejor aprovechamiento del paseo final que bordea el polígono, con un trazado peatonal intermedio, es otra de las demandas vecinales. Lo que empieza a resultarle insoportable a los residentes es la invasión de vehículos y la carencia de plazas de aparcamientos, junto a la familiaridad de la grúa. «Vaia negocio ten aquí», comenta Luis Meijide ante el masivo enganche de coches. Raxoi tiene un aparcamiento subterráneo en cartera, pero no la abre. Los vecinos se sienten muy bien comunicados con la ciudad, elogian el servicio de transporte. Pero se sienten huérfanos de vigilancia. No entienden por qué retiró Raxoi la policía de barrio, que veían como una experiencia positiva, aunque la conflictividad de la zona no es elevada. Se ciñe a alguna familia conflictiva de difícil integración.