?l ambiente se esparce por San Lázaro y los coches aminoran la marcha para presenciar las habilidades de Antonio el carpintero, en la ceremonia más tradicional de San Lázaro. Una persona se lleva el décimo lote de la puja por sólo nueve euros. Se le adjudica, y cuando le van a entregar el artículo al adjudicatario, éste se escabulle arrepentido y desaparece del escenario de la subasta. «¡Escapou!», grita un espectador. Y vuelve a subastarse el mismo lote, esta vez por 7,50 euros, porque los céntimos empezaron a aparecer de repente en la puja. Ésta discurre paulatinamente y van desfilando trozos de tocino, jamón, unto, lengua y un impresionante lacón (52 euros) que se erige en la estrella de la subasta junto a una cachola enorme. La mayor parte del tocino se lo lleva todos los años «a rubia do pueblo» (asidua a las pujas) y este año no fue una excepción. «Esta tradición é moi bonita, merece a pena», dice Luis, un participante en la puja, que se lleva en una bolsa uno de los lotes exhibidos por Antonio, que en ocasiones meneó en el aire los trozos del cerdo a instancias de la concurrencia. «Estas son uñas diferentes porque pasaron pola iglesia», remacha Luis. Las bendijo el cura. «Temos que defender esta tradición», recalca Gerardo Conde. Calidades El bullicio de las atracciones rasga el ambiente de San Lázaro. Es el día grande de las fiestas y los restaurantes y mesones no dan abasto, a las horas punta, para atender la demanda de los centenares de visitantes cumplidores de la tradición en el sentido estricto. Es decir, digerir las uñas el mismo lunes festivo. El abanico de precios es amplio (abajo y arriba de los 10 euros el plato) y las calidades diferentes, a tenor de los comentarios de la concurrencia, que han elogiado o rebajado el tono de determinadas cocinas del barrio. La jornada gastronómica comenzó en algunos establecimientos el viernes, y más de uno tendrá en cartel las uñas durante una semana más. Muchas opiniones han coincidido en las bondades de la edición de este año y en el alza de la fiesta, aunque los dueños de algunos negocios ponen el acento en que la Festa das Uñas es una tradición de San Lázaro y no de otros puntos de la ciudad. Todos los restaurantes pueden cocer uñas, pero el dador es San Lázaro, recalcan.