Reportaje Dos niñas recorren cuatro veces al día los 800 metros que separan su casa del lugar en el que cogen el bus para ir al cole; sus padres demandan una parada más cercana
22 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.LA PARADA El bus escolar recoge y deja a Verónica y a Paula en el cruce de la pista que conduce hasta su casa, situada a 600 metros de la parada, donde las esperan sus abuelos paternos. ¿MARQUESINA? Resguardarse en la parada es un despropósito, ya que el único lugar habilitado es una vieja y oxidada estructura. ?erónica y Paula son dos hermanas de 8 y 10 años que, los días de cole, apenas disponen de una hora para comer. Sesenta minutos es el tiempo de diferencia entre que el bus escolar las deja y las vuelve a recoger para que puedan asistir a las clases de la tarde en el colegio público de Arcediago, en Santiso. El apretado margen temporal del que disponen obedece al lugar en el que está la parada del servicio de transporte escolar que les corresponde. Al menos, así lo entienden los padres de las pequeñas, que, al tener jornada partida, recorren hasta cuatro veces al día los 800 metros de distancia que separan su casa del cruce en el que cogen y las deja el autobús escolar. A comienzos del pasado curso académico, la Consellería de Educación tuvo en cuenta esta circunstancia para acercar la parada a la vivienda familiar, situada en el lugar de Outeiro, pero la mejora del servicio, que solicitó el padre de las escolares con el apoyo del Consejo Escolar del colegio, caducó a los dos meses. Desde enero del año pasado, Verónica y Paula recorren a diario, de lunes a viernes, más de 3 kilómetros entre los cuatro viajes de ida vuelta desde su casa a la parada del bus escolar. Las autoridades educativas revocaron su decisión anterior al admitir un escrito presentado por la empresa que realiza el servicio, que alegó la imposibilidad de realizar la ruta hasta Outeiro debido a las dificultades de acceso al lugar. En una inspección ordenada por la Consellería se comprobó que «resulta moi perigoso para un autobús de 35 prazas prestar o servicio que se pide» porque «nin o estado da calzada é bo, nin a anchura e maniobrabilidade son aceptables para un autobús», se lee en el informe emitido por Educación que recibió José Manuel Laya. Posible solución Este vecino de Santiso es el padre de las dos escolares afectadas. Admite las dificultades que entraña para el bus circular por Outeiro, en donde la cercanía de las casas estrecha la pista en un tramo «duns vintecinco metros», pero no comparte que sea una maniobra imposible. «Co autobús grande pasa perfectamente, despacio e sen comodidades, pero pasa», asegura José Manuel, que para evitar la dificultad circulatoria del bus escolar en Outeiro plantea como solución que la empresa «traia o autobús o máis pequeno, que é o que trae a miúdo». Este padre de familia reclama que se restablezca la parada en las cercanías de su vivienda, donde «gastei cartos en desbrozar as cunetas e parchear os baches para facilitarlle o paso ao autobús». El servicio de transporte escolar, tal y como se les presta a sus pequeñas, lo obliga a «ter á miña disposición un turismo para levalas e recollelas á parada porque senón non lles dá tempo a comer», se queja. «E gracias a que teñén avós, que son os que van recoller ás rapazas, pero se non chegan a telos, ¿quen ía recollermas?», y añade que su horario laboral no coincide con el de sus hijas. La jornada de trabajo de la madre de las pequeñas tampoco es compatible, explica Laya, que piensa qué hacer cuando el abuelo de las niñas, «xa maior, non poida conducir».