En directo | Siguiendo el rastro a una curiosa estrategia comercial Un súper de la ciudad vende alcohol que se consume en la calle dentro de bolsas no corporativas para evitar que su imagen se asocie a prácticas incívicas de la juventud
16 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?s como un camaleón. El botellón se camufla y se adapta a cualquier necesidad. Llueva, nieve, haga frío, o derrita el calor, los jóvenes beben en la calle. Lo hacen donde pueden, sin importarles demasiado el sitio. Pero la última iniciativa puesta en marcha camufla más a los comerciantes que a los jóvenes. Las bolsas, que tanto juego dan a los establecimientos como imagen corporativa, a veces también la dañan. Por eso, un supermercado compostelano ha tomado la estrategia de seguir presente en el botellón, pero de forma camuflada, vestido de blanco inmaculado. Situado en la calle Rapa da Folla, a medio minuto de la Alameda, es el sitio ideal para que los chavales se hagan con todos los elementos imprescindibles para una juerga de alcohol en la calle: botellas, hielos, vasos, incluso algo de picar... Además está abierto hasta las dos de la mañana, con lo cual es uno los lugares de referencia de todos los estudiantes compostelanos. Pueden adquirir el alcohol de camino al botellón. Pero hartos de que la gente dejase las bolsas tiradas en la calle con su nombre bien visible, en el supermercado decidieron retirarlas y cambiarlas por unas blancas. «La gente las utiliza mal y no queremos que se nos identifique», reconocen en el establecimiento, que pertenece a una cadena de centros comerciales. Total, a los jóvenes les da lo mismo que la bolsa tenga el logotipo del establecimiento o que no lo tenga, con tal de poder seguir a lo suyo. Así que entran, compran, y salen con sus bolsas blancas entre un tintineo de botellas. Al día siguiente, la Alameda amanece teñida de blanco en lugar de estarlo de azul. La diferencia para la limpieza municipal no existe. Para la salud de los jóvenes, tampoco. El supermercado en cuestión está a rebosar los días de movida. Allá por mayo, cuando el frío santiagués da algo de tregua y se puede caminar erguido por la noche, es frecuente ver que la cola es tal a las puertas del súper, que los jóvenes incluso invaden la calzada. Eso sí, rigor con la edad Eso sí, en el local comercial son estrictamente rigurosos con el tema de la edad. A la hora de vender alcohol por la noche, da igual que entre el típico estudiante con experiencia, de esos que le cogen tanto apego a la carrera que tardan años y años en terminar. Ni las canas, ni las barbas, ni las calvas detienen a los dependientes de la tienda para pedir el carné de identidad y de esa forma poder acreditar que venden alcohol a mayores de edad.