En directo | Un paso de peatones muy peligroso Cruzar la carretera de A Coruña en Meixonfrío es una odisea; el semáforo de botón tarda un horror y el tiempo no llega
08 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.? veces, los humanos tenemos la suerte de escarmentar en cabeza ajena y eso nos permite aprender de los despistes y prisas de los demás. Por ello, tras los accidentes ocurridos en los últimos días en los pasos de peatones, había llegado a la conclusión de que los semáforos, por muy inútiles que en algunos casos nos puedan parecer, tienen su cometido. Así lo creía hasta ayer por la mañana, cuando me enfrenté a uno de ellos. Ocurrió al cruzar la carretera de A Coruña a la altura de la rotonda de Meixonfrío. El semáforo de botón se acciona tras una larga espera y no tiene ningún dispositivo sonoro que avise del cambio de color. Y no hay tiempo para despistes. Tras superar con paciencia tanta tardanza hay que regalar algunos segundos a los vehículos cuyos conductores se hacen los daltónicos. Tras ceder el paso a los f itipaldis llega el turno de los peatones. Hay que cruzar seis carriles (dos por las vías de servicio y cuatro más por la carretera principal) y, como la prisa es mala consejera, opto por la calma. Craso error. Cuando voy por la mitad del camino el semáforo comienza a parpadear con insistencia. Los conductores que antes no se hicieron los daltónicos tienen una extraña capacidad para calcular cuándo se producirá el siguiente cambio de color y sueltan embrague. Y ahí estoy, toda una peatona concienciada en una mediana sin botón para el semáforo y en pleno cambio de rasante. ¡Genial! Pero cuando creo que no hay más opción que regresar a mi pasado de saltasemáforos una conductora me da paso. La cosa no acaba ahí, porque cuando alguien decide ir al trabajo caminando, debe ser consciente de que tiene regresar por el mismo sistema y por el mismo paso de peatones. Para que no me ocurra lo mismo, opto por correr como si fuese a perder el autobús. Prueba superada (hoy ni llueve ni hay viento). Quien no lo ha logrado es una mujer ágil y joven con una niña de cuatro años de la mano. La pequeña cruza el último tramo casi en volandas, mientras los dos carriles en dirección al polígono del Tambre ya tienen cuatro automóviles en espera y algún peatón merodeando. Y la historia se repite. Así será hasta que alguien lo cambie porque algún peatón no lo cuente.