? pesar de la fuerza con la que descargó el temporal, la del domingo al lunes fue una noche de relativa tranquilidad para los bomberos, que tuvieron sin embargo que luchar contra una inundación que les tocó muy de cerca: la del gimnasio de su propio cuartelillo de la estación de autobuses. Los agujeros de la cubierta de uralita fueron un colador en las horas más duras de la tormenta, cuando fue necesario achicar los diez centímetros que anegaban el suelo. Las idas y venidas empezaron a las 5.50 , cuando tuvieron que intervenir para retirar tres árboles caídos en Grixoa, rúa de Morón (zona de Santa Isabel) y en la pista que va a Porto, en Rocha Vella. También tuvieron que levantar tapas de arquetas en Torrente Ballester, San Lourenzo, en la vía Edison del polígono del Tambre, Pelamios y rúa Irmandiños, trabajos que finalizaron sobre las nueve de la mañana. Varios locales comerciales y garajes de la ciudad sufrieron otra vez los efectos de la naturaleza desatada.