Las aparatosas sobras de la vida

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

En directo | De ruta con el camión de los trastos Los trabajadores de Urbaser realizan una dura labor recogiendo cada noche las cosas que ya no tienen hueco en las casas de los santiagueses, desde las más obvias a las más inimaginables

30 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?ueves, 28 de septiembre, 20.30 horas. Objetivo: acompañar en una ruta por la ciudad a uno de los equipos de Urbaser que se dedican a retirar todos aquellos objetos más o menos voluminosos de los que los compostelanos se desprenden. Y, de paso, hurgar en los desperdicios de los demás, que siempre es entretenido. Aguardamos al camión en el número 25 de la rúa do Tambre, donde agonizan junto a los contenedores dos microondas y dos televisores. En la espera, llega una mujer con un carrito que, después de evaluar el estado de las teles, carga con una y se pierde calle abajo. Menos trabajo para José Míguez y Lino Casais, que tienen por delante una dura noche recopilando trastos viejos -o no tanto- que acabarán, irremediablemente, en el vertedero municipal de Aríns. «¡Nas dúas últimas semanas, os sofás deben de estar de saldo! ¡Todo o mundo tira sofás!», dice José, justo antes de que su compañero apunte que, en la oferta de los sofás, debe de haber también una promoción de colchones. José y Lino ya han completado a las 21.30 el recorrido por el casco histórico y en el camión hay un poco de todo: una lavadora; un fregadero; una mesa camilla; palos de escoba; embalajes...; o una bicicleta rosa en bastante buen estado que han recogido en Oblatas. ¿Sería de las monjas? Lino y José son de aquí, pero por su fuerza podrían ser del mismo Bilbao. Lino practica el lanzamiento de microondas -con lo que pesa un microondas- y cuenta que lo que más problemas les provoca es que la gente miente. «Dinche que deixan dúas cousiñas -explica mientras dispara el electrodoméstico con un golpe de brazo por encima de la balda del camión- e logo chegas, e hai dez». El servicio es gratuito, así que lo de mentir sólo vale para entorpecer el trabajo de los empleados de Urbaser, que planifican las rutas para unos determinados bultos y luego se encuentran con que no cabe todo. En las horas sucesivas y con José al volante, el camión parará veloz en veinticuatro puntos repartidos por toda la ciudad. Otro servicio similar arranca a las 22.30 con la misión de recoger trastos en otras 35 localizaciones. Y así, casi todos los días. Avanza la noche y el camión se llena. Ahora un somier; ahora dos expositores de farmacia completamente nuevos; dos sofás hechos una pena en el Hórreo y la avenida de Lugo... «¿O máis curioso que temos atopado?», piensa José. «Unha chea de próteses ortopédicas dunha tenda de San Pedro de Mezonzo», responde. Ellos prefieren hacer de tripas corazón y no fijarse demasiado en si las cosas que se tiran sirven o no. «Se non, encheriamos as nosas casas de bártulos», dice Lino mientras destroza una cómoda para que entre en el volquete, aplicando la máxima gallega que dice: Ou vai, ou racha. Claro que hay excepciones, como cuando encontraron un combi completamente nuevo al lado de un contenedor. «¡O fulano tirouno porque dicía que lle enfriaba demasiado; dixémoslle que se podía regular, pero tanto lle deu», explica José. Los dos trabajadores dicen que, eso sí, se nota perfectamente quién tiene cuartos en Santiago y quién no por las cosas que se tiran.