Análisis | La seguridad en la capital de Galicia Los asaltos a dos locales en 24 horas provocan inquietud; el comisario tiene en sus manos no sólo que Santiago sea una ciudad segura, sino también que lo parezca
09 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?econocer los fallos es una buena manera de empezar a cambiar cosas. El nuevo comisario jefe de Santiago, José Luis Fernández Vázquez, admitía el pasado viernes en una reunión que mantuvo con el delegado del Gobierno algunos desajustes en la seguridad de la capital de Galicia. Decía el comisario que, en determinadas franjas horarias, se detectan «carencias» que pueden hacer vulnerable a la capital de Galicia. Si por algo se ha caracterizado la plantilla de la comisaría compostelana en los últimos años es por lo ajustado de su número. Fernández Vázquez llega con algo ganado: nunca han sido tantos los hombres y las mujeres al mando de un comisario de Compostela: 219, más una treintena de alumnos en prácticas y con otras dieciséis plazas que están pendientes de ser cubiertas. En su mano está ahora optimizar esos recursos y, para ello, deberá prestar especial atención a los representantes sindicales de las dependencias de Rodrigo de Padrón. El Sindicato Unificado de Policía representa al noventa por ciento de la plantilla. Su portavoz, Enrique Rama, ha visto con buenos ojos la sustitución de Enrique León por José Luis Fernández, y eso hace prever una buena sintonía entre «patrón» y trabajadores. Sin embargo, la semana que ahora termina no ha sido especialmente feliz en noticias relacionadas con la delincuencia. El jueves, los cacos entraban a plena luz del día en una tienda de marcos del Ensanche. Durante la madrugada del viernes, la óptica Novalux era asaltada con un tremendo estruendo nocturno. La Policía Local Los «éxitos» policiales de estos últimos siete días, además, han estado en manos de los agentes de la Policía Local, a las órdenes de Norberto Villaverde. Fueron los municipales los que dieron caza al supuesto asesino de una vecina de Bertamiráns, y también fueron ellos los que se deshicieron en atenciones con los responsables de la óptica asaltada en la calle del Hórreo. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que la Policía Nacional trabaje peor o trabaje menos, no es eso. Pero, a veces, la ciudadanía no sólo necesita que la urbe sea segura, sino que también tienen que parecerlo. En principio, el nuevo comisario no es demasiado amigo de airear éxitos o fracasos a través de los medios de comunicación, mucho menos incluso que su antecesor, parco en explicaciones mediáticas. La nueva generación de comisarios prefiere trabajar en la sombra. Lejos quedaron las notas de prensa diarias de otros como Avelino de Francisco o Felisindo Plaza. La política comunicativa de aquellos, mucho más abierta, servía para que los ciudadanos se sintiesen quizás algo más seguros sabiendo que había sido cazado tal o cual delincuente, que se había resuelto tal o cual caso. Hoy, las directrices son otras. Y no pasará nada mientras Compostela siga siendo la «ciudad segura» que siempre se ha dicho. Pero ojo; como empiecen a ser más los comerciantes que llaman a los medios para quejarse de asaltos y robos, sin operaciones policiales públicas y exitosas que las contrarresten, el panorama podría cambiar. «La policía tiene que ser valorada en su justa medida», decía el otro día el comisario en el acto de bienvenida a los agentes en prácticas. No debe olvidar, sin embargo, que la ciudadanía no siempre es todo lo agradecida que debería y que critica con más dureza los fracasos de la policía que aplaude sus éxitos. La responsabilidad que Fernández Vázquez tiene en sus manos, así como el equilibrio que debe procurar no son, ni mucho menos, temas menores; en sus manos está, nada menos, que toda una capital de un país.