Un mercadillo veterano donde hay casi de todo

Mónica P. Paradela santiago

SANTIAGO

ÁLVARO BALLESTEROS

Crónica | De compras en Bertamiráns La mayoría de las compradoras de esta feria son mujeres que buscan ofertas entre los puestos

19 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?esde hace unos quince años Bertamiráns celebra cada sábado un mercadillo al que acuden muchos vecinos de la localidad. Los feriantes empiezan a llegar a la calle donde montan sus puestos hacia las tres y media de la tarde. «Ás catro e media temos que ter o coche sacado da rúa e ás nove todo recollido», explica María, una orosina que vende de ropa de niños. Desde Padrón viene todas las semanas Beatriz, con su carrito lleno de churros y rosquillas, y ella cuenta que «empezamos moi pouquiños, dous ou tres postos, agora isto non é grande, pero xa e algo». Los vendedores van cada sábado con su mercancía, sin tener en cuenta las inclemencias del tiempo, haga frío o haga calor. Lo peor, «os días cando fai vento e chove, unha cousa soa levámola, pero as dúas...», comenta María. En Bertamiráns puede encontrase casi de todo, desde productos de la huerta, procedentes de Herbón (Padrón), que cultiva Carmucha hasta ropa interior en el puesto de Patricia, procedente de la localidad pontevedresa de Marín. Las ventas para los comerciantes no son tan buenas como quisieran pero la opinión general es que «vamos tirando», como dice Ana, que trae desde Pontevedra su puesto de ropa de señora. «Hay días y meses mejores que otros» responde Ana. En palabras de María «os mercadillos están malamente». «Afectóunos moito a mercancía china», se queja esta vecina de Oroso. La inmensa mayoría de los compradores, son mujeres, que los sábados por la tarde dan una vuelta por allí, por si encuentran alguna ganga. Oliva, una lucense que reside habitualmente en Bertamiráns, dice que acude de vez en cuando. «Compro cousas puntuais, camisetas sobre todo, non é un sitio de compra semanal pero ás veces atopas cousas que poden estar ben», señala Oliva. Otra compradora, Rosa, añade que no va muchas veces, «pero sempre que veño pico algo», confiesa. El mercadillo crece cada año un poco más y prueba de ello es que algunos puestos consiguieron hace poco el permiso del ayuntamiento, detrás del que llevaban más de tres años de gestiones.