Así se apaga un fuego

Emma Araújo SANTIAGO

SANTIAGO

ÁLVARO BALLESTEROS

Testigo directo | La reacción a la falta de medios Los vecinos, como en el «Prestige», han improvisado técnicas de extinción con cisternas de purines y contenedores de basura

09 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

MÉTODO RURAL. Vecinos de Vigo, en Boqueixón, utilizaron cisternas de purín cargadas de agua para frenar el avance del fuego. MÉTODO URBANITA. En Aldea Nova, la gente llenó contenedores con agua y los llevó a zonas donde no había mangueras. ?uando la necesidad apremia, el ingenio se agudiza hasta límites inimaginables. Así, la oleada de incendios que desde hace días desangra Santiago y los concellos limítrofes ha servido para poner a prueba de fuego, nunca mejor dicho, la capacidad de reacción de los vecinos. En los dos últimos días, en dos mundos tan distantes socialmente como la aldea de Vigo, en Boqueixón, y la urbanización Aldea Nova, en Bertamiráns, sus habitantes se las han apañado para hacer frente al fuego y coger al toro por los cuernos. El pasado martes, desde las tres de la tarde y con el apoyo de los servicios de protección civil, los habitantes de las parroquias cercanas a Vigo sacaron los camiones cisterna con los que retiran las aguas fecales de sus granjas, los llenaron de agua y se dedicaron a remojar una y otra vez las zonas más cercanas a las casas, para que los restos de ramas quemadas que sobrevolaban sus hogares no llegasen a prender fuego. Lo consiguieron. De hecho, el foco quedó controlado esa misma noche en la zona de Boqueixón, extendiéndose por el municipio de Santiago, que carecía de este retén improvisado. Para lograr su objetivo, los vecinos motorizados recibieron información puntual de protección civil, que les decía por dónde tenían que ir y cuándo debían arrojar los líquidos. En Aldea Nova los útiles contra el fuego fueron los contenedores de la basura que tenían ruedas. Mientras unos los llenaban de agua con mangueras, otros lo transportaban hasta el fuego, que estaba muy alejado, y allí, un ejército vecinal, cubos en mano, recogía el agua y la volcaba donde era necesario. Con este sistema ayudaron activamente a controlar el fuego en zonas de menor peligro mientras los servicios especializados en extinción se las veían con los focos de varios metros de altura que brotaban como setas junto a la urbanización.