Conventos no tan de clausura

Ruth Lodeiro SANTIAGO

SANTIAGO

En directo | El estreno de una ruta por tres congregaciones Una iniciativa turística acerca a la ciudadanía actividades poco conocidas que llevan a cabo las monjas; de momento, no tiene mucho éxito de público

08 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

MERCEDARIAS. Los turistas pudieron ver la iglesia barroca de la Encarnación y su retablo, con una imagen de la Virgen de la Merced. DOMINICAS. Aquí, la guía se detuvo a comprar, a través de un torno, pastas que cocinan las monjas. CLARISAS. En la recta final del recorrido, los participantes vieron el convento y, además, conocieron los alrededores del parque de San Domingos de Bonaval de Santiago. La vida en el interior de los conventos ha dejado de ser casi un secreto gracias a una iniciativa de Turismo de Santiago, que desde el 6 de julio hasta el 30 de septiembre organiza visitas guiadas por tres de los cinco recintos de clausura que existen en la ciudad. Con el programa se trata de acercar a los visitantes al patrimonio y a la forma de vida que se esconden tras esos muros, un estilo de vida muy austero que conlleva un aislamiento sólo roto a través de un torno, la única vía de comunicación con el exterior. Las rutas se ofrecen dos días a la semana: el jueves, con explicación en castellano, y el sábado, turno del inglés. Ayer tocaba este último formato y, pese a ello, en el recorrido participaron un escocés y cuatro pamplonicas, dos de los cuales se marcharon a mitad de camino, pues no acabó de gustarles eso de que la cicerone hablase en la lengua de Shakespeare. La interesante visita, de dos horas y media de duración y cinco euros de coste, incluyó un circuito por los conventos de las mercedarias, las dominicas y las clarisas, todos barrocos y construidos entre los siglos XVII y XVIII. El recorrido comenzó por el de las mercedarias, orden fundada por Pedro Nolasco y que actualmente acoge a un total de 17 monjas. Su fachada está inspirada en el frente del convento de la Encarnación de Madrid. El siguiente lugar de parada fue la casa de las dominicas. Aquí uno no debe irse sin ver el locutorio, lugar donde las religiosas reciben a familiares y amigos ni la capilla de Nuestra Señora del Portal. Se recomienda adquirir algunas delicatesen que se elaboradas allí mismo. El convento de las clarisas cerró el tour. Lo más interesante es su fachada, decorada con volutas y motivos semicirculares que aumentan de peso conforme va ganando altura, rompiendo así las leyes clásicas de la arquitectura. Tampoco merece desperdicio el retablo interior, de madera con pan de oro.