Aparcando a la americana

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

ÁLVARO BALLESTEROS

En directo | Accidente en el casco monumental Una pareja de Nueva York se cae con su coche por las escaleras de San Francisco al confundir el acceso con una rampa. No son los primeros.

29 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?as situaciones surrealistas tienen su encanto. Y si no, pasen y lean. 17.20. Zapatones, guardián de las piedras del Obradoiro, llama a La Voz y da -valga la redundancia- la voz de alarma: Un coche acaba de precipitarse por las escaleras de San Francisco, lo que en dialecto maño sería «escorromonarse por la turrunquera». Como con las historias de Zapatones nunca se sabe -aunque la vez que dijo que venía Shirley MacLaine era verdad-, la pareja informativa, cual benemérita patrulla, baja echando chispas. 17.25. Efectivamente, un Peugeot 307 descapotable del trinque está «escorromonao» sobre la escalinata, fuera de sitio como el cardenal Rouco en el Maycar. No hay conductor, sólo El Zapa, que vigila su noticia como si la hubiera provocado. «¡El tipo sacó las maletas y se marchó tan tranquilo!», cuenta la carrasposa voz que sale de entre sus barbas. Pasa el tiempo y no viene nadie. Una turista con acento sudamericano se acerca a Zapatones. «Perdone ¿es ésta la catedral de Santiago?», pregunta mientras señala con el dedo la Iglesia de San Francisco. Señora, por Dios. «¡Haaala!», responde Zapatones. El descapotable escorromonao está ante ella, pero ni se fija. «¿Me puedo hacer una foto con usted?». Zapatones asiente, que está de servicio. La turista vuela con Zapatones dentro de su cámara. 17.31. Aquí no aparece ni Blas. Llamamos a la Policía Local, 981 54 23 23: -¡Policía Local, boas tardes! -Boas tardes, chamo da Voz ¿Algunha novidade? -Todo tranquilo. -¿E saben que teñen un coche metido nas escaleiras de San Francisco? -Pois non, enseguida mandamos unha patrulla. La manecilla grande del reloj loquea, pero aquí no viene ni el Tato, que diría Rajoy -¿Quién carajo sería el tal Tato?-. Nos acercamos a preguntarles a las chavalas que ofrecen tartas de Santiago, muy ricas, -las tartas- en el Café Bar Bello. «Ya es el cuarto coche que se cae este año por esas escaleras», dice una de las muchachas. Pasa un coche de la Policía Local. A su bola. Pasa un coche de la Nacional. Pasa de largo, claro. Otro más, ni p... caso. ¿Les dará el sol de frente? Pasan, casi de ganchete, los concejales Luis Toxo y Pancho Candela, que van al Ayuntamiento como dos señores de Santiago de toda la vida. Zapatones se pone a gritar: -¡Señor Toxo, señor Toxoooo! Ya ni nos sonrojamos, es la costumbre. El señor Toxooo se hace el loco. De San Francisco sale el padre Isorna, 85 años, hábito y boina. Está estupendo. Isorna confirma que por las escaleras ya se han caído cuatro o cinco coches. Tiene mucha culpa la señal que indica con una P enorme el párking de Xoán XXIII. Si uno no conoce, es fácil que acabe metiendo el radiador en la escalinata. Y eso que la estatua de San Francisco está en posición de «¡Deténganse!». Pero la flecha de la señal apunta directamente a la trampa. «¡Esto se arreglaba con dos bolardos! Cuando vea al alcalde se lo digo», dice el fraile. Antes de desaparecer, reflexiona Isorna Ferreirós: «¿Sabes que le diría yo a Ibarretxe?» -Pues no caigo.. -Que si quiere paz, ¡que se haga fraile! La tertulia política está a punto de caramelo cuando una pareja sale del hotel. Las bellas chicas del Café Bello se chivan: «¡Son esos!». Temiendo mala respuesta, les entramos; esta profesión tiene sus riesgos. Lejos de molestarse, nos cuentan que se han confundido, que han llamado a la grúa y que sólo les queda esperar. Ese temple no es de aquí. Se llaman Russell y Cynthia y son de Nueva York. Están de luna de miel y llegaron a Santiago en el descapotable accidentado, alquilado en Barajas. Russell preferiría que la noticia no trascendiese pero, visto el despliegue, incluidos un peregrino gritón y un franciscano con boina, lo asume con paciencia norteamericana. Take it easy, guy! Sigue el surrealismo. Ahora es Zapatones el que pide, en inglés, retratarse con la pareja. Hacemos fotos, le quitamos hierro al asunto. ¡No, si la culpa es de las señales! Don't worry! «¿Y os vais a quedar más días?», preguntamos. «Síí, buenoou, io khería estar dos dííías y luegou ir a Ghighón, -dice Russell en un estupendo castellano-, pero ahorra soy un enemigoou publicoou del Estadoouu». Se ríe. Cynthia coge una rosa que le regala Zapatones. Qué momento. Cuando los dejamos en la intimidad de su accidentada luna de miel, la grúa aún no ha llegado. Spain is different.