Con tacón de aguja Los escaparates de la ciudad van recordando semana a semana a quién hay que regalar en cada ocasión
18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.ALGÚN maquiavélico inventor de fiestas paganas quiere volver locos a los escaparatistas compostelanos. Es extraño que en las últimas semanas no haya habido un aumento de ingresos por caídas de escaleras o roturas de cristales. Un día frío saliendo de casa descubres que todos los comercios están llenos de cintas de colores, nieve artificial, bolas brillantes y mensajes navideños. El afán por llamar la atención del viandante provoca que algunos escaparates parezcan verdaderas obras de diseño, aunque hay que reconocer que Santiago no se caracteriza por el esmero de sus locales comerciales. A les tres semanas sales un día frío de casa y chocas de bruces con carteles de descuentos, rebajas, saldos y oportunidades que te envuelven en la espiral más consumista. Los escaparates son menos elaborados y los precios pasan de ser una pequeña etiqueta a un enorme cartelón que prácticamente oculta la prenda. «No sé lo que es, pero cuesta 8,99». A las dos semanas sales un día lluvioso de casa y te encuentras decenas de escaparates bañados en rojo, corazones inmensos que arrojan cursilerías y que sin embargo te encantan. Blasfemas contra la ñoñería y el consumismo brutal, aunque esperas descubrir un pequeño papel de regalo el 14 de febrero. De hecho, habría que hacer una estadística y seguro que podría concluirse que hay más parejas que rompen o discuten el día de san Valentín de las que se enamoran. A la semana sales un día de casa en el que cae un aguacero y te encuentras con que don Carnal ha vuelto a tomar los escaparates. Desde la tradicional Blancanieves hasta las caretas más escabrosas anuncian una nueva fiesta, un nuevo gasto y obligan a un nuevo cambio en los escaparates. Sin embargo, dando un simple paseo por las calles de la ciudad puede comprobarse cómo cada vez más el tradicional carnaval pierde fuelle en favor de celebraciones menos alegres, con menos significado pero que obligan a desembolsar más dinero. De todas formas, que nadie se preocupe. Los escaparatistas tienen trabajo seguro. Dentro de unas semanas saliendo de casa en un día -¿frío?, tal vez, quién sabe- los comercios estarán inundados de colonias masculinas, corbatas, juegos de escritorio y regalos masculinos para recordar el día del padre.