En directo | Teo comienza a recuperarse del estallido de la Pirotécnica Calo Mientras se investiga si la calidad o el almacenamiento de la pólvora pudieron provocar el suceso, los vecinos esperan a los peritos para empezar a reparar sus casas
14 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?l miedo causado por la explosión que el lunes sacudió el lugar de Mazas, en la parroquia teense de Solláns, comenzó ayer a disolverse. La mayoría de los vecinos, como Manuel Mirás, reconocieron que no habían «pegado ollo en toda a noite». Sin embargo, poco más de 24 horas después de que parte de la Pirotécnica Calo saltase por los aires y ardiese como una tea, la atención de los afectados se centraba en los peritos y las escobas. Es más, ese es el orden inevitable. Manuel Mirás explicaba cerca de la una de la tarde que todavía no habían podido empezar a reparar los cuantiosos daños que había sufrido su vivienda, tenía que esperar a que «o perito vexa os danos». El técnico de la empresa que asegura la pirotécnica, uno sólo, se pasó el día de casa en casa; tomando notas que dirían algo como: «Tellado medio derrubado, fiestras rebentadas, portas deformadas e imposibles de abrir, buratos nas paredes, valla metálica desfeita, desagüe perforado...» Un diagnóstico que se repite de forma aproximada en unas cuarenta viviendas. La mayoría de los vecinos de Mazas pasaron la noche en sus lastimados domicilios. Muchos improvisaron para no pasar las horas de oscuridad al raso: cubrieron sus casas con toldos azules sujetos con ladrillos y los agujeros de las fachadas con tablones. Hoy empezarán los arreglos definitivos. Mientras los afectados esperaban varias horas pacientemente la llegada del perito, en la pirotécnica ya han comenzado las obras de desescombro. La investigación allí ha concluido, y los técnicos examinan si la calidad del explosivo o su colocación pudieron influir en el estallido. El recinto, donde seis de las 27 casetas fueron derribadas por la explosión es ahora un erial cubierto de ceniza, piedras y cañas utilizadas para fabricar cohetes. Una excavadora recogía los restos ante la mirada del propietario, Alfonso Calo, y de casi una decena de periodistas. Según explicó Calo, el estallido se produjo en la nave que se utilizaba para albergar el material recién comprado. Desde allí se distribuía entre varias casetas, alejadas varias decenas de metros de la anterior, en las que se elaboraban los cohetes. Por último, las naves de almacenamiento estaban situadas en la zona más exterior de la finca. En la zona del estallido lo único que queda en pie es un tabique medio quemado, el pararrayos que protegía las naves y dos vigas de hormigón con corazón metálico fracturadas por varios puntos. Formaban parte de la nave donde se produjo la deflagración. Los fragmentos que les faltan y los cuerpos de hierro y piedra de sus gemelas se convirtieron en parte de los proyectiles que bombardearon Mazas.