PINCELADA | O |
07 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.VAYA POR delante que no entiendo nada de fútbol y que, además, no tengo ningún interés en aprender y que encima, el fútbol es sólo un deporte que me obliga a madrugar también el sábado. Dicho esto, me gustaría comentar algo que ocurrió hace unos días en un campo de fútbol, donde unos niños de trece años se jugaban el paso a las semifinales de no sé muy bien qué trofeo, por el que por supuesto no cobrarán nada ni les permitirá ser fichados por un grande del mundo del fútbol ni les convertirá en famosos de la noche a la mañana. Cuando el importantísimo partido estaba casi en la recta final, uno de los dos equipos consiguió el gol del empate y con ello el paso a la siguiente fase, lo que dejaba al otro equipo fuera de la competición. Poco antes de este gol, uno de los padres del equipo finalmente descalificado inició un marcaje verbal contra el árbitro propio de las competiciones millonarias. Algún que otro aficionado se contagió de la actitud de este hombre, que no atendió a las peticiones de calma de algunos de sus compañeros. En el campo no estaba Eto¿o ni Beckham, pero daba igual. A la madre del árbitro aún deben estar sonándole los oídos. Los insultos fueron tales, que algunos de los que allí estábamos pensamos estar presenciando la final de la Copa de Europa entre el Madrid y el Barcelona. Pero no era así. Se trataba de un partido entre niños de trece años, con un público formado por sus padres. Lo único bueno de aquella situación es que los chavales demostraron en el campo ser más deportistas que aquel padre. Afición, según el diccionario, es amor a alguna persona o cosa. Pero por afición a un hijo y, precisamente por él, no deberían mezclarse otras cuestiones. ¿Cómo se le pueden inculcar a un hijo actitudes no violentas en el deporte, si después se protagonizan situaciones como la del sábado?