Una ceremonia muy teatral

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago SANTIAGO

SANTIAGO

XOÁN A. SOLER

En directo | Los entresijos de la Misa del Peregrino Un televisor y un interfono son las armas secretas con las que cuenta la Catedral para ponerle un final feliz a la celebración más esperada por los fieles y los visitantes

04 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Quedan quince minutos para la misa de las doce, la del peregrino. En la sacristía se reúnen María Jesús Goñi, religiosa encargada del canto, y Joaquín Barrera, uno de los dos organistas del templo. En unos minutos revisan que piezas especiales tocan y rápidamente se separan, cada uno a su puesto. ?l órgano de la Catedral está situado en la tribuna, en la esquina del crucero del templo situada al lado de la sacristía. Para acceder a él es necesario subir cuarenta escalones de piedra. Los fieles no pueden ver al organista, y el músico sólo puede divisar la nave principal y la parte trasera del altar asomándose por la barandilla. María Jesús permanece detrás del altar y a la izquierda, oculta tras parte del baldaquino, y sólo se adelanta cuando tiene que cantar. La coordinación entre ambos y con el sacerdote oficiante es fundamental, pero no pueden verse físicamente. Para arreglarlo, el organista dispone de una televisión con circuito cerrado que le permite contemplar la misa. También tiene un teléfono conectado con el lateral derecho del baldaquino, donde se sitúa María Jesús. El día 2 la televisión se estropeó. En esos casos, Joaquín y María Jesús utilizan timbrazos de teléfono para comunicarse. Uno de los momentos más delicados es el ofertorio. El órgano debe acompañar el movimiento del oficiante, pero Joaquín no puede verlo. Se guía por los timbrazos de María Jesús. El principal problema es que si está tocando en Re puede no oír el teléfono, ya que el tono del órgano y del timbre son el mismo y se confunden. Sale el botafumeiro El momento de pánico llega cuando se escucha el sonido de una cadena. «¡Van a sacar el Botafumeiro!», exclama Joaquín. El himno del Apóstol fue compuesto en 1920, y está pensado para acompañar toda la ceremonia. Debe empezar cuando los tiraboleiros atan la ultima cadena, si no puede quedarse corto o ser demasiado largo. Los organistas saben reconocer el último cadenazo, «que es característico». Cuando algo sale mal, María Jesús y los músicos saben alargar «un poco» el himno, para que termine con el parón del Botafumeiro. En otras ocasiones son los tiraboleiros los que alargan el pendular para darle tiempo al himno y acabar así en armonía. En realidad, tal y como admite Joaquín Barreira, la misa tiene algo de enorme función teatral. Incluso la posición que adoptan el organista y el órgano no parecen casuales. Se trata de un instrumento capaz de emitir una música muy potente, de la que es difícil localizar la fuente. El organista es un desconocido, pocos fieles saben quién es y dónde está sentado. La impresión final es que la música baja directamente del cielo, aunque, a veces, todo sale bien «casi de milagro», gracias a ingeniosos medios mundanos.