CON LUPA | O |
23 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.QUÉ GRANDE es el Lobelle, casi tanto como un aficionado al que tendrían que hacerle un monumento. Si han visto en la tele alguno de los partidos del equipo de Santiago, habrán escuchado al tipo al que le dedicamos esta columna. Es un hincha apasionado que se pasa los cuarenta minutos que dura el encuentro gritando y animando a través de un canuto que amplifica su voz hasta el infinito y más allá. Nuestro amigo, el del canuto, es responsable en buena parte de que el Lobelle se haya proclamado campeón de la Copa de España. Les juro que su voz es tan potente que eclipsaba a los comentaristas que, el domingo, narraban en Zaragoza la lucha sin cuartel contra el Boomerang Interviú. Canta, grita, vuelve a cantar, tararea clásicos populares y, milagrosamente, su garganta no se resiente: «¡Oé, oé, oé, oé...!». No pondría la mano en el fuego, pero estoy casi seguro que nuestro enfervorizado seguidor fue el que consiguió elevar a la categoría superior una exclamación gallega como pocas y que sonó más o menos así para toda España: «¡Pita, coooona!». La hinchada madrileña y los anfitriones zaragozanos no se enteraron de nada. Sólo oyeron a alguien que exigía que se pitara algo -quizás el final del partido o puede que una falta-, acompañando su demanda de un apoyo imposible de comprender y de traducir. Pero, oído desde aquí, el «cooona» de nuestro amigo, el del canuto, quedó tan simpático y sentido que, si de verdad fue él, estamos dispuestos a hacerle una entrevista. Y es que no hay nada más cursi que animar una final de cualquier cosa con tacos de fogueo. ¿Acaso iba a ganar el Lobelle si la afición dijese cosas como «¡Tira, jolines!» o «¡Falta, recórcholis!»? Yo creo que la expresión de nuestro canutero del Lobelle debería desvestirse de cualquier tinte machista para elevarse a la categoría de exabrupto de primera división.