Crónica | Polémica por la elección del martes de carnaval como día no laborable La celebración profana se impuso oficialmente este año a la de San Roque, cada vez más debilitada, merced a una decisión adoptada cuando el alcalde estaba en Cuzco
13 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.San Roque es un patrón venido a menos. Las ínfulas festivas de antaño, con jolgorio y escenas pintorescas, como la pelea entre los integrantes de las procesiones eclesiástica y municipal al cruzarse, han pasado definitivamente a la historia. San Roque quedó ceñido al voto en su capilla, al óbolo del Concello y a la rosquillera de la puerta, inasequible al desaliento patronal. Entretanto, fue emergiendo con pujanza en el calendario del ambiente y regocijo el martes de carnaval. Pero la fecha no estaba teñida de rojo en el almanaque compostelano y ocurrió lo que algún día podía ocurrir, que el Concello la pintara de encarnado. El 28 de febrero ya es festivo este año. Pero para esa decisión no hizo falta pasar por encima del cadáver del alcalde. No se enteró. La Xunta de Galicia, inexplicablemente, requirió a última hora al Concello para que le remitiese las dos fechas festivas locales. Raxoi tenía que decidirlo ya. Prácticamente un trámite: San Roque y Ascensión. Pero sucedió que el alcalde estaba en Cuzco en una reunión de las Ciudades Patrimonio. Demasiado lejos. La Xunta de Goberno se reunió presidida por el regidor en funciones, Néstor Rego. Y llegó el punto urgente del orden del día: las fechas festivas. Antes de que el mero trámite se consumase, sonó una voz: «Hai que aproveitar que non está o alcalde para poñer como festivo o martes de carnaval. Se non, non se vai facer nunca». Efectivamente, no faltó ni un solo año sin que se suscitase un debate interno sobre las fiestas de la ciudad. La respuesta de Bugallo siempre fue la invariable: «Levamos 400 anos co mesmo festivo e non imos cambiar de data». Más que nada le preocupaba la reacción del administrado, la única que hace temblar el pulso decisorio. Lo cierto es que a la Xunta de Goberno la ocasión se la pintaron calva, y no por la figura de su presidente en funciones, que fue juez y no parte en el debate. Hubo sendas intervenciones de socialistas y nacionalistas, coincidentes en que San Roque se quedó sin fuelle, y el asentimiento fue unánime. Claro está, nadie se presentó voluntario para ponerle el cascabel al alcalde. Días más tarde, cuando Bugallo repasaba la documentación del pleno en el que, entre otras cosas, se iba a dar cuenta del acuerdo de la Xunta de Goberno, sus ojos se convirtieron en platos. La imaginación del alcalde se puso a prueba con la cascada de lindezas que en unos segundos brotaron de sus labios. «Non chamaches desde Cuzco e nós tivemos que decidir», replicó alguien con un tono que encerraba sonsonete. La resolución fue democrática, nada similar a las que adoptaba Clemente González Peón, que a golpe de decreto le coló algunos goles a Marcial Castro nada más embarcar éste en Lavacolla. Aunque Dositeo Rodríguez se desgañitó en el pleno y exhibió el dedo acusador, la elección del martes de antroido no tenía marcha atrás. El bullicio profano venció al religioso, la procesión civil se vengó de la eclesiástica y Santiago se levantó más rockera que de San Roque. Partidarios y detractores se dejaron oír en la calle y en los cenáculos. Y en ondas como las de RadioVoz. «Non hai que dramatizar. Este ano é así e os seguintes xa veremos», razona Sánchez Bugallo.