CON LUPA | O |
02 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.DENTRO DE unos años habrá que valorar si la nueva normativa antitabaco ha servido para salvar vidas o, simplemente, para nada. Pero ahora que se ha estrenado parece el momento más adecuado para pedir cordura por ambas partes, de los que fuman y de los que no. Desde los dos frentes llegan ejemplos de intolerancia sin medida, discusiones y conflictos desagradables que, por lo pronto, generan malos humos. Es curioso; se hace una normativa para promover la salud pública y lo primero que se consigue -ojalá la cosa vaya cambiando- es que se vicie el ambiente en los centros de trabajo. Y aunque empezaba esta reflexión pidiendo cordura para ambas partes, hay una cosa que incumbe más a los que fuman que a los que no lo hacen: que la Ley está aprobada y que, como toda Ley, deberá ser cumplida, esté uno de acuerdo o no. ¿Acaso a mí me gusta pagar impuestos? No, pero la ley me obliga, y la ley no deja de ser la más clara expresión de la democracia, la norma de la mayoría. Así que, mejor, no hagan mala sangre.