Día de peritos y fregonas

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

En directo | Las consecuencias del incendio o en el Hong Kong Vecinos y comerciantes de Rosalía de Castro y las Galerías Belén confían en poder volver cuanto antes a la normalidad, aunque reparar los daños llevará meses

12 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?asará tiempo hasta que los vecinos del número 25 de la calle Rosalía de Castro y los comerciantes de la zona se quiten de encima el olor a quemado y vuelvan a hacer vida normal. El de ayer fue día de fregonas y de peritos, trabajos muy complicados cualquiera de los dos en una zona completamente arrasada por el incendio que el pasado viernes destruyó el restaurante chino Hong Kong y causó graves daños a viviendas y locales comerciales del área, principalmente en las Galerías Belén. En Copy Belén, ayer por la tarde tocaba hacer inventario del desastre. De las cinco copiadoras industriales, daba la impresión de que sólo funcionaba -más o menos- una, aunque está a prueba. El techo todavía chorrea y las estanterías de aglomerado, encharcadas, se caen a trozos. Las pérdidas en material informático, muebles y material de papelería son enormes, y hacer la cuenta en semejante desastre tampoco es una cosa fácil. Escaleras abajo, hay un empresario que todavía no ha visto su tienda después de la inundación provocada por el incendio: el dueño de La Casa en el Árbol, un local en el que se hacen piercings y tatuajes. Los vecinos cuentan que el comerciante está de vacaciones en Ibiza y que ayer todavía no había llegado a Santiago. Aunque el fuego no alcanzó la planta baja, la humedad que rezuma en los cristales del establecimiento es una señal de que los estragos causados por el agua pueden ser importantes. En el rodicio Maracaná, el comedor ha quedado seriamente dañado, al igual que el pasadizo que une la calle Rosalía de Castro con la rúa Nova de Abaixo. En la «superficie», el Hong Kong presentaba ayer el mismo aspecto que el viernes, si acaso más desordenado. La gente se para ante la persiana metálica para observar de cerca de qué es capaz el fuego. «Din que os chinos queren desescombrar nun par de días, pero a saber», cuenta una vecina de la finca. A primera hora de la tarde, en el interior del local no hay un alma. Donde sí hay vida es en la farmacia que está justo al lado. Los dependientes despachan al público y los operarios de una empresa de limpieza trabajan para devolverle una cierta normalidad a la botica, a pesar de que las estanterías están vacías. Los daños son cuantiosos y, a la espera del peritaje, se habla de miles de euros perdidos en medicamentos. Ayer por la mañana, la policía tomaba los últimos restos para intentar aclarar qué pasó en el Hong Kong. Todas las posibilidades siguen abiertas. En el primero izquierda, unos paneles cubren el espacio de los cristales que estallaron con el calor. Carmen, en el quiosco Colores, que funciona a pesar de haber padecido los efectos del humo, lamenta que nadie se haya interesado por su negocio. «Aquí non veu ninguén, e eu teño o almacén afumado, non podo subir». La quiosquera confía, no obstante, en que los seguros se hagan cargo de los daños para que todo pueda volver a ser como antes del incendio.