De la ficción al salón

La Voz

SANTIAGO

Con tacón de aguja Ya es posible tener la alfombra o el espejo de la serie de moda; en Santiago hay tanta variedad como en un estudio de televisión

03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?ace tan sólo una década pocos podían exclamar ¡quiero para mi salón el sofá de Médico de familia o el cabecero de Todos los hombres sois iguales ! Ahora sí. Cualquiera puede permitirse ese toque mitómano, vanguardista, o algunos dirían que incluso kitsch. En Marabillas, Miguel Vidal asegura que algunos clientes entran en este local pidiendo el cuadro que sale en uno de los decorados de Aquí no hay quien viva . Pocos se imaginan que son serigrafías de autor, de ahí la sorpresa cuando descubren el precio. Las grandes y clásicas mueblerías en las que es necesario sumergirse para descubrir la oferta dan paso a otro tipo de establecimiento en el que el mueble llama al cliente, como si de un vestido en un escaparate se tratase. Mientras esperamos a que Ikea se decida a dejarse caer en Galicia, algunos intrépidos viajeros han traído a Santiago lo que puede verse desde hace años en los escaparates del centro de Amsterdam. Son pequeñas tiendas de decoración, en donde la originalidad y el diseño son la marca de fábrica. Desde hace años está ya Andrómenas , en donde hasta una cortina de ducha parece una obra de arte pop. Nuria y Alejandro Pérez apostaron por una línea un poco más clásica en Artimaña y en otros establecimientos como Marabillas zapatillas de casa o monederos conviven con alfombras, lámparas, sofás o espejos de pared. Éste es uno de los grandes aciertos de estos locales. No hace falta estar buscando una alfombra de salón para entrar en ellos (quizás sólo un marco para una foto), pero puede que salgas con media casa amueblada. El precio suele ser el principal inconveniente en estos casos, pero siempre cabe la máxima de los básicos de mercadillo y los complementos de firma para marcar la diferencia. Muebles económicos y discretos y un surtido de complementos multicolor que hagan temblar a la mismísima baronesa Thyssen.