Híper y comercio, una convivencia necesaria

La Voz M.?B. | SANTIAGO

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Análisis

25 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?n los últimos años se ha asistido a un amplio debate sobre el futuro del pequeño comercio urbano y el impacto que ha tenido en este sector el desarrollo de los hipermercados. Sobre la mesa se han puesto muchos argumentos con la liberalización de horarios como telón de fondo. He aquí algunas claves. ¿Puede hablarse de una crisis? La realidad desmiente el diagnóstico catastrofista. La aparición de las grandes superficies ha supuesto un estímulo para buena parte del comercio urbano, que ha abierto más horas y ha mejorado su oferta para ser más competitivo. La zona centro de la ciudad está poblada de ejemplos. Establecer una relación de causalidad directa entre el auge de los híper y la crisis del establecimiento pequeño puede inducir a error. El envejecimiento poblacional y el cambio de la estructura social de los grupos urbanos parecen factores más sólidos. Las ciudades han cambiado y quizás la oferta comercial no lo ha hecho al mismo ritmo. Algunos negocios del casco viejo compostelano ilustran muy bien esta realidad de atraso. ¿Cuál es el impacto real de los horarios? El pequeño comercio parte de una gran desventaja competitiva. Muchos no pueden contratar personal para abrir todo el fin de semana. Y ese trabajo extra lo soporta la familia propietaria. Es decir, que en un escenario de liberalización total no tendrían descanso. La Administración autonómica ha optado por fijar un marco horario proteccionista con el pequeño comercio. Ahora sólo se puede abrir un máximo de 8 festivos y 72 horas semanales. Los híper se quejan, pero durante muchos años no han exprimido toda la libertad de apertura que les ofrecía el marco normativo. Quizás la solución pueda estar en flexibilizar más las horarios siempre y cuando se establezcan medidas de apoyo al pequeño establecimiento, como subvencionar la contratación de personal para que abra más tiempo. Es necesario que el poder público reconozca y proteja la función social y urbana que desempeña el comecio. ¿Pueden beneficiarse mutuamente grandes superficies y el resto de los negocios? Existen ejemplos que invitan a pensar que sí. Las grandes superficies pueden atraer en su entorno un comercio muy próspero. En Santiago hay algunas muestras. El hecho de que opere Alcampo en Área Central no quiere decir que los consumidores compren todo allí. En esa zona comercial existen pequeñas tiendas de alimentación, que ofrecen calidad a mayor precio y que cuentan con una buena cartera de clientes. Quizás la clave no esté tanto en el tamaño del negocio sino en el valor de lo que ofrece.