Con tacón de aguja Aquí no desembarcan grandes firmas, ni falta que hace; sí lo hacen pequeñas tiendas que demuestran que Santiago no necesita a Chanel para ser lo más «in»
12 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Santiago es cosmopolita. Sólo desde la envidia se la puede tachar de pueblerina. Aquí, nadie cuestiona la indumentaria del otro. Por encontrar una calle Real o una calle del Paseo en esta ciudad, pongamos por ejemplo Brañas Boulevard, cualquiera puede pasear en chándal, con un tatuaje en el cuello o un paraguas en el cogote. En los otros dos casos, habría que soportar un par de miradas de reojo. Sin embargo, o puede que quizás por eso, los grandes diseñadores se resisten a llegar a la capital de Galicia. Tampoco hace falta. La moda está a la salida del instituto Rosalía de Castro, del Xelmírez, menos heterogénea a la salida del Peleteiro.... Los oteadores de Amancio tendrían una buena materia prima entre estas quinceañeras. Entre ellas. Ellos aún tienen que despegar. Aprender del gusto por arreglarse e ir a la moda que tienen los italianos. Ellas enseñan con descaro sus botas de aguja, las minifaldas de vértigo y el borreguito. Cada año la pasarela está más en la calle. Hace una década la diferencia sólo estaba entre el Levi¿s 501 o el 507. Preguntarse de dónde saca el dinero una de estas chica de catorce años para combinar cinturón de doble vuelta, bermudas y toquilla calada, es toda una incógnita. Lo cierto es que no necesitan una gran paga semanal, recurren a la imaginación, a las grandes cadenas comerciales, a las oportunidades y al préstamo entre amigas. En fin, no hace muchos años conseguí vestirme en el mercadillo de Salgueiriños por tres mil pesetas, así que ya está todo inventado. Y contado. Una de las rubias del PP buscaba rebajas el pasado invierno: Viriato Studio, Adolfo Domínguez, Charol... Con este recorrido, es lógico que nadie ponga en duda la calidad de sus trajes. La ropa «de firma» se vislumbra a metros, pero prefiero la originalidad que se encuentra en las calles de esta ciudad. ¿De dónde sacaba sus faldas y sus sobrios sombreros una catedrática de Comunicación Audiovisual? Quizás de alguna de estas tiendas que marcan la diferencia entre Santiago y el resto de capitales. Aquí no desembarcan los diseñadores franceses, no llega Carolina Herrera (que hasta aterrizó en Ourense), ni las boutiques de A Coruña y Vigo, pero lo hacen las que visten a los compostelanos y a su forma de caminar por la vida. Ulán-Udé y Saturna son dos ejemplos. En lugar de franquicias y grandes firmas, despegan iniciativas de jóvenes empresarios, como la de Judith Castro y Susana Carballal, con un escaparate en el que se detienen todos los que caminan por Rosalía de Castro. O la de Carla Pérez y compañía. En Elsavadeboda, que sólo abre por las tardes para adaptarse a las mujeres de hoy, trabajadoras y sin apenas tiempo libre, entras en vaqueros y sales vestida para matar. Santiago es cosmopolita.