En directo | Miles de personas acuden a la romería caballar de Calo Los caballos, el pulpo á feira y la estética cowboy, tan de moda en estos momentos, invadieron la Carballeira de Francos
11 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?a aldea global y las telenovelas lo pueden todo. Más de uno, y de dos, se sintió ayer un extra de lujo de Pasión de Gavilanes pero sin salir de Teo. Y no es que la Carballeira de Francos esté plagada de haciendas ni de grandes extensiones, pero sí de caballos más o menos lustrosos y de marchantes con sombreros de cowboy , que incluso podrían mascar tabaco mientras regatean el precio de un potro y miran de reojo a todo aquello que se mueve. Aunque esta estética es tan antigua casi como la romería de Calo, la multitud de ayer parecía más cosmopolita. Pese al look tejano, el pulpo á feira y la empanada de casi todo, fueron en realidad los grandes protagonistas de la jornada. Porque si alguien acudió a comprar un caballo, un burro, o a echar una curiosa visual a la mercancía, la concurrencia se multiplicó casi hasta el infinito a la hora de la comida. Eso sí, acompañados en algunos casos con el consabido soniquete de la telenovela, para que todo el mundo se sintiese como en casa. Y así fue hasta bien entrada la tarde. Los que fueron a la feria a mirar picaron en artículos tan variopintos como copias de la cazadora de Fernando Alonso, calcetines para el crudo invierno, objetos de artesanía tradicional y tallas de madera. Unos cuantos, autoridades todas, acudieron a la comida de confraternidad organizada por el Concello y con Armando Blanco de gran anfitrión. Y mientras el más común de los mortales se deleitaba con los objetos típicos de un mercado, los verdaderos amantes del mundo equino pudieron elegir múltiples modelos de sillas de montar y todo aquello que necesita un caballo para convertirse en un lindo animal doméstico que hace las delicias de cualquiera con buen gusto. La belleza de alguno de los ejemplares no pasó desapercibida para los neófitos en la materia. Si hubiese que elegir el mejor ejemplar de la feria de Francos nadie dudaría: Castaña de nombre, de tres años de edad y con una estampa que quitaba el hipo a caballos, curiosos y damas de cualquier postín. Lucía un corazón en el pecho, negras crines y mirada recelosa. ¿Quién puede resistirse? Sencilla respuesta. Todo aquel que no tuviese a mano los tres mil euros que costaba tamaño animal, digno de la protagonista de cualquier telenovela.