Otro tipo de pasajeros

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Crónica | Estreno de conexión en Lavacolla

01 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Definitivamente, los vuelos de bajo coste han dado lugar a un nuevo modelo de usuario de aeropuertos, con más aspecto de excursionistas que de viajeros internacionales. Ayer no había entre los pasajeros que llegaron en el primer vuelo de Ryanair procedente de Fráncfort ni rastro de corbatas ni de maletines de ejecutivo; tampoco había equipajes abultados, sino simples bolsas de viaje con el contenido necesario para pasar un par de días en Santiago. Porque ese, y no otro, era el objetivo de los ocupantes del avión que aterrizó ayer con puntualidad milimétrica en la pista de Lavacolla, en la que desembarcaron 122 pasajeros, en su mayoría ciudadanos alemanes que no desentonarían si hicieran su entrada en la ciudad a pie o a lomos de una bicicleta. Pero entre ellos también había gallegos emigrados a Alemania, encantados de poder viajar a su tierra de origen pagando por el billete menos de lo que costaría una cerveza en su país de adopción. Como Víctor, natural de Carballo, que aterrizó feliz acompañado de sus dos hijos adolescentes: «Antes veníamos una o dos veces al año, pero ahora, con estos precios, vendremos a ver a la familia mucho más a menudo, seguro». A ellos, como al resto de los pasajeros, no les importó tener que recorrer a pie y bajo la lluvia la distancia que separaba el avión de la terminal tras el aterrizaje. Son los inconvenientes de viajar con compañías de bajo coste, que se compensan cuando se tiene en cuenta que el precio medio del billete para viajar de Fráncfort a Santiago es de 50 euros. Algo parecido les ocurría a los viajeros que esperaban pacientemente a pie de pista su turno para subir al avión con destino a Fráncfort, la mayoría gallegos. Algunos de ellos, como los ordenses David y Tamara, habían pagado poco más de cincuenta céntimos por su billete y se disponían viajar a Fráncfort por primera vez después de haber conocido Londres también gracias a Ryanair: «También iremos a Roma, seguro».