CRÓNICAS URBANAS | O |
01 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EL CAMBIO de gobierno ha arruinado mi agenda de teléfonos. Estéticamente ya lo estaba, porque me resisto a confiar tan valiosa herramienta a los duendes informáticos y sigo apuntando los números de las fuentes en una de esas libretillas que nos regalaba a los periodistas la Diputación de A Coruña, cuando Torres Colomer, dónde va. Hace tiempo que tuve que ponerle nuevas grapas en el lomo porque no daba más de sí. Las páginas destinadas a la A, a la C y a la M están agotadas, porque son muchas las asociaciones, los conselleiros y los manueles que hay en mi vida profesional. El mosaico de tintas da cuenta del puñado de bolígrafos que ha pasado por mi mano en los últimos años. Debajo de algún tachón aún se intuye un número que comenzaba por 608, de los primeros Moviline, heredado probablemente de una agenda anterior. Aunque no se lo crean, hay gente importante que ya estaba colgada de un móvil hace más de diez años y todavía no sabe lo que es pagar una factura. Muchos de esos teléfonos ya no valen ni el viejo papel en el que están escritos. Tampoco me atienden amables voces de secretarias al otro lado del aparato. Sólo un contestador que dice: «El número que usted ha marcado no corresponde a ningún cliente».