Reportaje | Los primeros inquilinos de la Residencia Mapfre Quavitae de Santiago El día de su apertura cuatro mayores inauguraron las instalaciones de este geriátrico y ayer por la tarde se habían sumado otros tres, cada uno con una historia a sus espaldas
18 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?ernando Picón Botana llegó el miércoles a su nuevo hogar, la residencia de mayores de San Lázaro. Fue el primero en cruzar el umbral de este geriátrico que acaba de abrir sus puertas. Vivía solo, «xa non me acordo onde»; «en Outeiro de Sar», añade al minuto como por un resorte. Tiene 73 años, y cuando se le pregunta si tiene algún achaque dice que «muchos machaquitos». Fernando es serio. Tiene hijos, tres, pero no una gran relación con ellos. Era carnicero, en un taller muy grande en el que trabajaban tres o cuatro mil personas. Aquello fue en Holanda, a donde no recuerda hace cuántos años se fue, ni hace cuántos volvió. Su vida en la residencia acaba de empezar. Ayer a media tarde tenía ya seis nuevos compañeros, aunque todavía no había hecho amigos. «Primitiva fala moito, e a min non me gusta falar». Probablemente no acabe echando partidas de tute con sus compañeros, porque no le gustan las cartas, aunque sí la televisión, sobre todo las películas, leer y pasear. Hablar y jugar a las cartas le gusta, y mucho, a Primitiva Tuñas, de A Baña, que el 23F hará 96 años y a quien no hay quién se los eche. Le ha tocado como compañera Carmen Seoane y llegó ayer a la residencia Mapfre Quavitae de Santiago. Es la más dicharachera del grupo, en donde también hay algunos mayores que no se valen por si mismos. Primitiva tiene cinco hijos, en Asturias, Barcelona y Santiago, y enlaza una historia con otra sin parar y sin utilizar ni una palabra en gallego. «¿Y su marido a qué se dedicaba?», «Era guapo sí, muy alto», responde en un tono elevado. «¿Un poco sorda está?». «Es muy bonito hablar bajo, pero estoy sorda», sentencia. Se aprecia, se aprecia... Ayer estaba prevista la llegada de un nuevo inquilino, con lo que serían ocho en la residencia. Todavía no les ha dado tiempo a conocerse, a contarse el último episodio de la telenovela o a jugarse los céntimos de euro al tute, pero todo llegará.