Peregrinos

DIEGO ESPIÑA BARROS

SANTIAGO

BITÁCORA | O |

11 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

COMPARTÍA mesa hace días con un amigo que, en su intención de hacerme una visita, decidió hacerlo siguiendo el Camino desde Ponferrada. Entre plato y plato me planteó una cuestión a la que, sinceramente, no supe responder. Me preguntó qué pensábamos los compostelanos sobre los peregrinos que durante estos días llenan la ciudad. Le dije que sentía indiferencia. La indiferencia más absoluta. Argumenté que estos sufridos caminantes eran para mí un elemento arquitectónico más de los que configuran la identidad de Compostela. Catedral, Universidad, Xunta y peregrinos. Ni más, ni menos. Él comentó su experiencia en el Camino y reveló que, en cierto momento, se había sentido desilusionado. Evidentemente, salió el tema de las deficientes instalaciones a lo largo de la Ruta, enfermedad a la que nadie ha sabido o querido poner remedio hasta ahora. Pero lo que más le decepcionó fue la actitud y el trato recibido por parte de algunos gallegos que se fue encontrando por el camino. Me habló de malas caras y maneras, especialmente en una hostelería que precisamente es la que más beneficios saca de su peregrinar. Poner más albergues no depende de nosotros. Pero sí mejorar algunas de nuestras actitudes. Por el bien de todos.