Los funcionarios de la Xunta exigen un mejor servicio de transporte

Cristina Villar SANTIAGO

SANTIAGO

IAGO VIANA

La reducción de autobuses y el número de paradas que hacen son algunas de las quejas Los afectados que viven fuera de Santiago denuncian que las líneas empeoran en verano

04 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

No son pocos los funcionarios de Santiago, ni los que aun ejerciendo aquí, prefieren continuar viviendo en alguna de las otras ciudades gallegas. Para estos trabajadores se dispone de una serie de autobuses subvencionados por la Xunta que cada día les traen y les llevan desde Santiago a su lugar de residencia y viceversa. Hasta aquí todo normal, pero sólo hasta aquí, porque explotó lo que ya se venía avisando desde hace algún tiempo, los funcionarios están hartos. Concretamente los de Ourense, que el miércoles llegaron al límite de su paciencia en la estación de autobuses de Santiago momentos antes del viaje de vuelta a su ciudad. Estos trabajadores llevan quejándose reiteradamente a la empresa de transporte Monbús por lo que ellos consideran unos servicios deficientes. Monbús es una compañía gallega que lleva organizando transportes de viajeros en autocar desde el año 1972, además de ser la encargada del servicio de viajes de los funcionarios de la Xunta a diferentes ciudades como A Coruña, Vigo o, en este caso, Ourense. Las quejas de este colectivo de trabajadores, que ya han redactado una carta de protesta que esperan hacer pública, son extensas y contundentes. Los funcionarios se desesperan ante la frustración de ver que a pesar de tener autovía llegan más tarde que antes, ya que el autocar hace unas «interminables» paradas en diferentes localidades como Silleda o Lalín. Aseguran que las protestas no son nuevas, pero que han explotado ahora «porque es en verano cuando la situación se hace inaguantable, y los ya de por sí malos servicios empeoran mucho más», como asegura Marina Castronovo, trabajadora de la Consellería de Educación que también afirmó haber tenido que enfrentarse con goteras en el autobús durante algunos días de lluvia. José Blanco, trabajador del Sergas, habla pausadamente pero con contundencia, también se siente indignado porque se les obliga a pagar los billetes de los trayectos del mes al principio del mismo, y «eso da libertad a la empresa para cambiar los servicios de los autobuses como les venga en gana». Pilar Suárez, que trabaja como personal laboral de la Universidad, apoya las palabras de sus compañeras insistiendo en que hablan como colectivo. «Es una protesta de todos -afirma- porque estamos muy descontentos con Monbús desde hace tiempo». Pilar es tajante y ante la indecisión de algunas de sus compañeras para decir su nombre, no duda en recriminarles que eso es tirar la piedra y esconder la mano y que hay que saber plantar cara ante la que consideran una gran injusticia.