CON LUPA | O |
01 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.PAGARÍA DINERO por ver a través de un agujerito los pormenores de la mudanza más sonada de los últimos tiempos. Daría lo que fuera por hacer de mirón en las intimidades habitacionales del presidente de la Xunta. ¿Se habrá dejado Fraga alguna indiscreción olvidada en un cajón de Monte Pío? ¿Se adaptarán los cuadros de Touriño a las escarpias de don Manuel? Porque, claro, se supone que, a partir de ahora, el presidente va a dormir en el mismo cuarto que ocupaba su antecesor, y eso no deja de tener un cierto misterio. La intimidad del que se va se convierte ahora en la del nuevo inquilino, incluidos los espacios más privados. Cuánto me gustaría que me contaran los detalles: ¿La vajilla es de la casa o se la trae cada uno? ¿Y la lencería del hogar? ¿El colchón? ¿La almohada? ¿La tele? Qué interesante sería saber algo más de esta intendencia de altura que nos recuerda que incluso los que mandan tienen que llenar la nevera. Fuera bromas, y dando por sentado que la intimidad doméstica es inviolable y pertenece al ámbito privado, a ver si el inquilino entrante convierte este privilegiado espacio compostelano en un lugar algo más abierto que el fortín infranqueable al que nos tenían acostumbrados. Porque es su casa sí, pero también es la de todos.