VOX POPULI | O |
20 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.HAY DÍAS en los que me levanto de la cama y lo primero que pienso es en una buena razón para sonreír a este verano que me pilla trabajando. A veces le encuentro sentido a esto de vivir y otras tantas me invento una causa que merezca la pena. Cuando salgo a la calle, los días en los que me camuflo más imaginativa me topo de bruces con la cruda realidad. En este caso, ayer mismo, no es que la vea, es que la cheiro a leguas. Arrastro la extraña costumbre del olvido a la hora de bajar la basura, como si las miserias se pudiesen meter en un contenedor verde. Cuando lo hago, me encuentro con que ni mis despojos tienen sitio en este extraño mundo. Los contenedores están abarrotados porque la gente, o acumula más basura que yo, o tiene más sentidiño y tira lastre más a menudo. El aroma me persigue y corro para refugiarme. En el intento se me cuela un peatón octogenario que confunde el rojo con el verde y el corazón me recuerda que aunque ayer me sobrase el sentido del olfato, no debo descuidar ningún otro. Será por eso que pongo la masa gris funcionar y busco un sitio en el que desprenderme de la basura. Pero, paso, que yo también estoy en huelga y no tengo ni servicios mínimos.