BITÁCORA | O |
19 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CON LA negociación rota entre trabajadores y la empresa de recogida de basuras a causa de peticiones tan utópicas como la retribución de domingos y festivos, una revisión económica o nocturnidad en vacaciones, Compostela corre el riesgo de vivir el Apóstolo con la basura al cuello. Mientras, el Concello llama al diálogo y ya hay hosteleros -especialistas en ponerse la venda antes de la herida en cualquier situación-, que piden la intervención del Ejército cual catástrofe humanitaria. Pueden llamarlo conciencia social, pero el caso es que a la hora de observar desde la barrera una huelga, suelo ponerme, por defecto, en la piel del huelguista pues, digo yo, que para haber optado por el renglón torcido sus razones tendrá. Más cuando los huelguistas son, como en esta ocasión, los encargados de lidiar diariamente con la basura que producimos cada uno de nosotros. Ignoro condiciones laborales, salario y demás factores recogidos en sus contratos, pero considero que todas estas materias nunca serán suficientes teniendo en cuenta la importancia del trabajo que realizan. Importancia que es -o debería ser-, directamente proporcional a la molestia causada por, con perdón, nuestra mierda. Un dato que con frecuencia olvidamos.