Música | Juan Claudio Cifuentes, en el Dado Dadá El experto en jazz afirma que «en España la cultura no sólo no interesa, sino que no es rentable»
20 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?uan Carlos Cifuentes, Cifu para los amigos, se sumó ayer al aniversario del Dado, un local que admira y al que esta noche volverá para presentar en directo su programa de Radio 3 A todo Jazz . Hijo de un republicano que se exilió a Francia en 1939, Cifuentes tuvo, dentro de la desgracia, la suerte de ir a dar con sus huesos republicanos al París en el que Roger Garaudy le explicaba el tomismo en la école como un maestro más. Quien vive en ese republicanismo ya no se le olvida. «Si hay algo que por mucho que lo intentes no vas a conseguir quitarte de los genes -dice Cifuentes al evocar aquellos tiempos- es el sentido de la Republique, la cosa más normal del mundo, de un país laico donde los católicos son más católicos que aquí porque van a la iglesia porque quieren y no porque les obligan, sin los extremismos de aquí, y admitiendo perfectamente que Francia es un país laico». Pero el país galo fue más que una educación «básica, enciclopédica y cartesiana francesa», también era una metrópoli de la que tenía que marchar a Argelia «a pegar tiros como ciudadano de segunda». Con 21 años, haciendo gala de un republicanismo bien entendido, no le quedó más remedio que renunciar a la ciudadanía francesa para no ir a filas y venir a España. De Francia se trajo Cifuentes su bagaje musical, ecos de cuando de niño escuchaba a Amstrong y Ellington en los programas de jazz de la radio francesa y de un tocadiscos electrofón con música de Glenn Miller, regalo de su padrino. Ahí, a los 17 años, el periodista ya era «un auténtico envenenado del jazz». Al fondo, la tuna «Al llegar a la universidad en España -evoca el presentador de A todo jazz - pregunté de forma inocente si había alguna actividad musical, y me dicen: sí, allí al fondo abres la puerta y está la tuna». Afortunadamente, al poco tiempo, tuvo la suerte de descubrir el Whisky Jazz, «uno de los tres mejores clubs de Europa», y en 1965 entraría en la industria discográfica como director internacional de una multinacional hasta 1984 en que aceptó el programa de televisión Jazz entre amigos , «una aventura loca». Hoy el musicólogo cree que con ese programa televisivo se logró «una buena labor didáctica durante siete años, haciendo que la gente se aficionara al jazz, dándoselo de forma asimilable». Quince años después le siguen preguntando cuándo va a volver a televisión. «Eso es muy gratificante, pero en este momento la perspectiva de tener un programa en televisión es como si me ofrecieran un pasaje en el Titanic», confiesa pesimista.