Depurando el CGAC

FERNANDO ADOLFO DE ABEL VILELA

SANTIAGO

TRIBUNA | O |

09 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS ÉPOCAS electorales son magníficos momentos para tomarle el pulso a la salud democrática de los contendientes. Muy ilustrativo nos puede resultar, en esta ocasión, echarle un ojo a lo que está pasando en el CGAC. El conselleiro de Cultura, siempre vanguardista, quiere modernizar el centro, agilizar su gestión y conseguir financiación privada. Para ello, cómo no, la solución es transformarlo en una especie denominada fundación pública gallega de interés cultural, sexo poco conocido, como diría el profesor Parada, gran maestro del arte jurídico. No está nada bien engañar al personal. Lo de utilizar fundaciones por las administraciones públicas, lejos de responder a esas pamplinas que habitualmente se citan, responde más bien a lo que en el argot técnico se denomina huir del Derecho administrativo y en el argot de la calle se identifica con acogerse a fórmulas organizativas mejor dotadas para la corrupción, para adjudicarles los contratos a los colegas y para enchufar más o menos libremente a parientes, amigos y pelotas. De hecho, si ustedes se fijan, lo del CGAC ha empezado fantásticamente, con el pertinente proceso de depuración de quienes no son de la cuerda. Lógico: hay que hacer limpieza antes de empezar con la modernización.