HISTORIA | Un bar mítico a la espera de relevo

La Voz

SANTIAGO

La Bolera estuvo hasta el año pasado en todas las ensaladas nocturnas de Compostela. De los locales que en los 80 triunfaban en el eje de República Argentina, entre el Número K y el Can Can (ahora Blaster), fue el que aguantó con más fidelidad a su espíritu inicial, y quizás por ese mismo motivo no logró mantener el tipo en el nuevo milenio. Por eso, y porque el casco histórico ganó la batalla de las primeras horas de la noche. Y porque los clientes, básicamente, se fueron casando. Era uno de los pocos locales nocturnos del Ensanche frecuentado por treintañeros y profesionales con más de 40 y 50, y siempre tuvo fama de acoger a pijos. Lo curioso es que, siendo así, hacía muchos años que había renunciado a tener personal en la puerta para seleccionar a la clientela, tal era su solidez en la decadente noche santiaguesa. Funcionó como bolera de verdad desde el año 77 hasta el 81, y después empezó a trabajar como pub. Las copas siempre fueron más rentables que los boliches. Entre sus primeros empleados estaban los hermanos Landín, Álvaro y Carlos, que en 1984 se hicieron cargo del local hasta el 2004. Ahora espera a oscuras por la penúltima ronda.