HERCULÍNEAS | O |
29 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LLOVÍAN hojas amarillas en el Campiño do Carme, una lluvia que alfombraba el domingo otoñal e invitaba a callejear por Compostela. En la praza de Cervantes cuatro vagabundos conversan frente a una fachada en obras que anuncia la venta de pisos de lujo. Camino de la Casa de la Troya un padre corretea con su hijo pequeño a hombros, perseguidos por la hermana mayor, mientras una pareja de peregrinos decide sobre la compra de unos licores de la tierra. Hay cola para entrar en la catedral, esperando que termine la misa de doce, y hasta los que allí aguardan llegan los acordes de una guitarra. En el Obradoiro, dos mimos se disputan el público con los coches de época allí aparcados y en A Quintana más colas y más música (esta vez enlatada). Cerca de San Paio de Antealtares un abuelo cuenta a dos paisanos de su quinta: «Aquí fun eu monaguillo; pola mañá axudaba a Misa e polas tardes viñamos rezar o Rosario; había unha monxa que nos daba unhos bocadillos de tortilla ¡bárbaros!». Los tres siguen el paseo hasta la plaza de Cervantes y el abuelo habla ahora de sus nietos. En la plaza siguen los vagabundos. Al lado de la rúa do Hospitaliño, llueven hojas amarillas, alfombrando un otoño que empuja a pasear Santiago. manuel.rodriguez@lavoz