La prostitución no es un cuento

La Voz

SANTIAGO

CUARENTA LÍNEAS ANTONIO AIGUADER | O |

03 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DESPUÉS de escuchar a Lucinda Gómez, esa mujer que vivió un infierno indescriptible en manos de las redes de prostitución, vuelvo a enemistarme con el género humano. Porque a veces nos empeñamos en creer que todo el mundo es bueno, cuando no es cierto. ¿Qué extraño mecanismo hace que una persona explote a otra? ¿Quién se cree mejor que otro para decidir sobre un semejante? Ya, me dirán que la vida está llena de tipos que deciden y de mandados, que la libertad no existe y que, realmente, sólo somos libres hasta donde nos dejan quienes cortan el bacalao. Pero una cosa es lo que entra en los límites de lo tolerable, por ejemplo los contratos basura, y otra cosa lo que no se puede tolerar de ninguna manera, como el hecho de secuestrar la voluntad de alguien hasta el punto de convertirlo en un esclavo, como le ocurrió a Lucinda. Hay que acabar con quienes trafican con seres humanos como sea y, si para eso hay que regularizar la prostitución y otorgarle una categoría laboral, no me opongo. Pero lo que no se puede de ninguna manera es pontificar por el día y alternar por la noche.