Los auténticos protagonistas

Rodrigo Lamas SANTIAGO

SANTIAGO

OLALLA VAAMONDE

El goteo diario de caminantes, ciclistas y jinetes que llega hasta Compostela constituye cada una de las parcelas que dan lugar al reconocimiento que acaba de recibir el Camino de Santiago. Ellos son los que dan nombre a una ruta milenaria y cada uno trae sus razones y sus inquietudes en la mochila. Su anonimato les hace pasar desapercibidos pero todos aquellos que lo rompen, sorprenden con historias y vivencias de lo más heterogéneo. Soledad en compañía Laura es una logroñesa de 23 años que emprendió la ruta en solitario desde su ciudad. Al segundo día de empezar a caminar ya tenía acompañantes y ayer llegó a Compostela. Durante el recorrido recuerda que le han sucedido cosas pintorescas y variadas, ha conocido a gente de todo tipo y considera su experiencia como positiva y gratificante. Le han pasado tantas anécdotas que no es capaz de quedarse con una. Otra de las cosas que más le llamaron la atención fue que «el peregrino siempre es tratado como si fuese una buena persona». Afirma que también ha comprobado la otra cara de la moneda y se ha encontrado con gente mala, si bien, no es el recuerdo que deja el Camino. Una ardilla de metro setenta Para cumplir una promesa José Carlos Ripoll se desplazó desde su Valencia natal hasta O Cebreiro. Allí recogió su credencial y, otra vez en coche, se desplazó a Sarria. Una vez en la villa lucense, comenzó ya su andadura y dejó de lado el vehículo. Tras cinco días de caminata se paseaba solitario por el Obradoiro. Lo más gracioso que le ocurrió fue que unos peregrinos lo confundieron con una ardilla. Estaba descansando en un muro y movió la mano, al verlo, los otros caminantes empezaron a gritar «una ardilla, una ardilla», hasta que la ardilla les explicó en perfecto castellano que no era tal. La ruta como aventura Así se lo tomaron Matilde y Bernardo , dos chicos de Lisboa que hicieron el Camino en bicicleta. Destacan la solidaridad del peregrino y afirman que repetirán la experiencia. Vienen desde O Porto pedaleando y salvando las averías consiguieron llegar al Obradoiro. Conociendo la gastronomía El impulso turístico del Camino de Santiago para los lugares por los que transcurre es innegable. Gracias a esta ruta nuestra comunidad encuentra una vía más de universalizar costumbres, folclore y, como no, productos típicos. Eva y Natalia son de Lleida y junto a su amiga Montse realizaron a pie el trecho que separa Sarria de Compostela. Eva y Natalia se quedaron sorprendidas con la calidad de los caldos gallegos y las delicias del mar, en pleno Obradoiro exclamaron un unísono «viva el ribeiro y el pulpo». Al margen de lo anecdótico, sus motivos transcienden de lo mundano.